Leer más...
domingo, 20 de octubre de 2013
sábado, 19 de octubre de 2013
¿Mujeres cardenalas en la Iglesia católica?
“Es necesario ampliar los espacios para una presencia femenina más incisiva en la Iglesia.¨.....
Marvin Saballos Ramírez
Recientes declaraciones del papa Francisco sobre el papel de la mujer en la Iglesia católica han despertado polémica en diversos círculos internacionales y de la Iglesia. En tanto un artículo del diario El País, de España, y recogido por la prensa internacional, lo interpreta como que el papa está pensando ya en nombrar mujeres para el Colegio Cardenalicio, otros círculos católicos como Aciprensa, lo denuncian como una manipulada interpretación de las palabras del pontífice.
La entrevista papal fue realizada por el P. Antoni Spadaro S.J. director de la Revista Civiltá Cattolica, revista jesuita muy prestigiosa que se edita en Roma y fue publicada en español por la Revista Razón y Fe, también jesuita. La entrevista es muy larga, son 27 páginas en que se tocan diversos tópicos personales sobre el papa Francisco, su estilo de pontificado y sus perspectivas sobre temas cruciales para la Iglesia. El papel de la mujer en la Iglesia, ocupa apenas poco más de media página, pero que han revuelto a medio mundo. ¿Pero qué es lo que dice Francisco? He aquí una transcripción textual de la versión publicada en español por Razón y Fe:
“Es necesario ampliar los espacios para una presencia femenina más incisiva en la Iglesia. Temo la solución del “machismo con faldas” porque la mujer tiene una estructura diferente del varón. Pero los discursos que oigo sobre el rol de la mujer a menudo se inspiran en una ideología machista. Las mujeres están formulando cuestiones profundas que debemos afrontar. La Iglesia no puede ser ella misma sin la mujer y el papel que esta desempeña. La mujer es imprescindible para la Iglesia. María, una mujer, es más importante que los obispos. Digo esto porque no hay que confundir la función con la dignidad. Es preciso, por tanto, profundizar más en la figura de la mujer en la Iglesia. Solo tras haberlo hecho podremos reflexionar mejor sobre su función dentro de la Iglesia. Hay que trabajar más hasta elaborar una teología profunda de la mujer en la Iglesia. En los lugares donde se toman las decisiones importantes es necesario el genio femenino. Afrontamos hoy este desafío: reflexionar sobre el puesto específico de la mujer, incluso allí donde se ejercita la autoridad en los varios ámbitos de la Iglesia”.
¿Cuándo se nombrarán mujeres en los ámbitos en que se ejerce la autoridad en la Iglesia? No queda claro, lo que sí queda claro es el llamado a reflexionar en profundidad sobre el papel de la mujer en la Iglesia, un tema que hasta hace poco era tabú, y hoy es planteado por el mismo pontífice. Aunque la entrevista nos da también otras claves para entender cómo ve los procesos de cambio y toma de decisiones:
“Yo soy de la opinión de que se necesita tiempo para poner las bases de un cambio verdadero y eficaz. Se trata del tiempo del discernimiento. Y a veces por el contrario, el discernimiento nos empuja a hacer ya lo que inicialmente pensábamos para más adelante”.
El debate está planteado, puede ser muy pronto o a largo plazo que veamos mujeres en puestos de autoridad en la Iglesia. Lucetta Scaraffia, historiadora, columnista italiana del diario vaticano L'Osservatore Romano, emblema de la presencia femenina en el periódico de la Santa Sede, publicó una columna en la cual sostuvo que “no sería raro” si pronto la Iglesia contase con una “purpurada”.
Así que no nos sorprendamos si el discernimiento lleva a la conclusión de que es necesario elegir pronto a una cardenala, como ya se discute que debería ser llamada.
El autor es psicólogo social.
jueves, 17 de octubre de 2013
Gracias a la locura del Tea Party....
EUROPA
Beneplácito en la Comisión Europea por acuerdo presupuestario en EE.UU.
Voceros del comisario económico Oli Rehn celebraron la finalización del impasse. Al mismo tiempo, los costos de este episodio se reflejaron en los mercados de valores y de divisas.
La Comisión Europea reaccionó aliviada este jueves al acuerdo logrado en Estados Unidos entre los partidos Demócrata y Republicano para resolver la disputa presupuestaria.
"Celebramos mucho el acuerdo que se ha logrado ahora", dijo en Bruselas el portavoz del comisario de Asuntos Económicos y Monetarios de la Unión Europea, Olli Rehn.
El consenso para reabrir la administración pública, según el portavoz, "ha eliminado las nubes negras que han ensombrecido la economía mundial y la reciente recuperación económica en Europa. Es una buena noticia", comentó.
El pasado lunes, el propio Rehn había advertido de las "consecuencias potencialmente dramáticas" que podría sufrir la economía mundial y la europea si las negociaciones para evitar una suspensión de pagos en Estados Unidos no prosperaban.
Cautela en los mercados
Entre tanto, los mercados europeos reaccionaron con cautela ante el acuerdo sellado en Washington. El EuroStoxx 50 cayó por debajo de la marca de los 3.000 puntos y perdió un 0,57 por ciento, hasta los 2.998,36 enteros.
El CAC 40 de París perdió un 0,62 por ciento (4.217,27 puntos) y el FTSE de Londres un 0,21 por ciento (6.557,62). En Alemania, el Dax perdía un 0,68 por ciento (8.785).
En el mercado cambiario, el dólar bajó respecto de las principales divisas, tanto el euro como la libra y el yen.
En cambio, la demanda de bonos del Tesoro norteamericano volvía a ser intensa, mientras bajaban los rendimientos de estos títulos. En la mañana del jueves los bonos estadounidenses a diez años pagaban un interés del 2,65 por ciento en el comercio libre, frente al 2,75 por ciento de la tarde anterior. La misma tendencia mostraban los papeles de la deuda a corto plazo.
Con todo, el precio que deberá pagar Estados Unidos por esta crisis es alto. Según las estimaciones de la agencia de rating Standard & Poor's (S&P), el cierre parcial de la administración o "shutdown" ya le ha costado a la economía 24.000 millones de dólares (17.700 millones de euros).
EL(dpa, EFE)
ELOGIO AL ELECTOR INDECISO
Comenzaré con una tesis. "Si bien todo elector es un votante no todo votante es un elector".
La diferencia no es irrelevante. Hay quienes votan sin elegir.
Todos conocemos a personas que siempre han votado por el mismo partido sin darse jamás el trabajo de elegir. No me refiero solo a los militantes, pues para ellos votar es una obligación, la palabra lo dice, casi militar. Hay, además, quienes han establecido una relación ontológica con la política.
Por ejemplo, en lugar de “estar” en, “son” de, un partido. Ser de izquierda o de derecha es para tales personas una pertenencia de tipo étnica. Afortunadamente no son solo ellas quienes votan. También votan -estoy siguiendo una clasificación weberiana- los partidarios, los simpatizantes, y no por último, los indecisos, segmento que suele conformar en algunos países, si no una mayoría, un número decisivo en cada elección.
Para explicitar la enunciada tesis será necesario agregar que el elector indeciso al elegir toma una decisión. Luego, antes de decidir tiene que haber pasado por un momento previo, y este no puede ser otro sino el de la indecisión. Por esa misma razón el elector indeciso no debe ser confundido con el elector abstencionista, aunque puede darse el caso de que la decisión final del indeciso sea la abstención. Pero la abstención para el indeciso es solo una entre otras posibilidades. No así para el abstencionista.
El abstencionista es el que hace del no votar un decidido gesto militante y en algunos casos una profesión de fe. En cierto modo el abstencionista es un militante negativo, o si se prefiere, un fanático de la anti-política.
Mucho menos puede ser confundido el elector indeciso con el elector indiferente. Todo lo contrario. Al indiferente le da lo mismo quien gane y por lo tanto no reconoce diferencias. Pero el indeciso no solo las reconoce: hace de las diferencias una condición de la política. Ahora, reconocer diferencias significa, en cierto modo, pensar. Pues sin conciencia de lo diferente no hay pensamiento y luego, tampoco hay conciencia.
El pensamiento comienza con la diferencia (Derrida). Esa es la razón por la cual se puede afirmar que el elector indeciso es un elector pensante. Y es claro: si no fuera indeciso no tendría necesidad de pensar. Es errado imaginar entonces que al indeciso gusta su indecisión; al contrario, desea salir de ella. Pero para conseguirlo tiene solo una alternativa: pensar.
Pensar es en gran medida debatir consigo y con el otro. Y el debate, lo sabemos todos, es la sal de la política.
Ironía insólita es que los electores indecisos tienden a ser despreciados por los militantes partidarios. La ironía es tanto más grande si se tiene en cuenta que los candidatos, aún siendo militantes, nunca podrán ser elegidos si no hay electores indecisos. Sin estos, los resultados de cada elección serían siempre los mismos, no habría rotación del poder. Los indecisos, al inclinar la balanza para uno u otro lado, son los máximos garantes de la democracia política.
Sin indecisiones la vida política sería lo mismo que la vida religiosa pues, como es sabido, es mucho más fácil cambiar de opinión política que de creencia religiosa. Es por eso que en las naciones no secularizadas -pienso en países islámicos- al ser los partidos entidades confesionales, los resultados se conocen de antemano. En una nación suní, ganan los suníes; y en una chií, los chiíes
Los indecisos, por el contrario, no hacen de las elecciones un acto de fe ni tampoco aman a un líder con devoción. Si son religiosos van a los templos. Y si son amantes, van a la cama. En ningún caso van a la política a satisfacer pulsiones, ni espirituales ni eróticas. Más aún: como seres pensantes están dispuestos a cambiar de opinión siempre y cuando los argumentos de un partido sean más convincentes que los del otro. Para el indeciso, quiero decir, no existe el “para siempre”. Su voto será condicionado. ¿Condicionado a qué? A su decisión, no hay otra respuesta. El indeciso es el votante soberano.
Entre militantes partidarios e indecisos existe, aunque así no parezca, una intensa relación política. Lo explicaré:
La razón de ser de un partido –no puede ser otra- es ganar para sí al mayor número posible de indecisos. Por lo tanto -y esa no es una de las paradojas menores de la política- los indecisos son los que deciden.
La utopía de una nación de decididos militantes ha sido la misma que han acariciado los totalitarismos modernos. Fue esa la razón por la cual en tales sistemas los indecisos no fueron tratados como indecisos sino como enemigos. Convertir a los indecisos en enemigos para eliminar toda indecisión fue el objetivo fundamental perseguido por Hitler y Stalin. Ambos monstruos tenían razón desde sus perspectivas: el indeciso delibera consigo y los demás. Y toda deliberación atenta en contra de la razón totalitaria.
Los indecisos, en consecuencia, necesitan más que a nada de la democracia. Más aún: la democracia para ellos es condición existencial. A la vez, la democracia necesita de los indecisos. Sin por lo menos la existencia de dos partidos los indecisos no tendrían –como hoy ocurre en Cuba y Corea del Norte- entre quienes decidir. Las elecciones estarían de más. Y sin elecciones no hay democracia.
Muy imbécil sería entonces un candidato si levantara una política sólo a favor de quienes ya tienen su decisión tomada. Conquistar para sí a los indecisos es tarea primordial de la lucha política.
Tan importante son para mí los indecisos, que he debido vencer la tentación de proponer la fundación de un nuevo partido: el Partido de los Indecisos. El problema es que si los indecisos forman un partido dejarían de ser indecisos. Y sin indecisos, he de reiterar, se acaba la democracia.
Publicado 9 hours ago por Fernando Mires
jueves, 3 de octubre de 2013
“Este no es el mundo que propuso Samuel Huntington”
Author: jpoveda
| Posted at: 15:30 |
Filed Under:
Conflicto de civilizaciones. Conflicto de interpretaciones.
|
IPS entrevista a HARALD MÜLLER, del Instituto de Investigaciones para la Paz de Francfort
Leer más...
Por Rousbeh Legatis
NACIONES UNIDAS, 3 oct 2013 (IPS) - La polémica teoría del “choque de civilizaciones”, que está cumpliendo 20 años, explica las relaciones internacionales y los conflictos violentos según una lógica de buenos y malos, asevera el experto alemán Harald Müller.
“Es errónea, pero satisface necesidades básicas”, dice Müller, director ejecutivo del Instituto de Investigaciones para la Paz de Francfort (PRIF, por sus siglas en alemán).
En 1993, Samuel Huntington, entonces profesor en la Universidad de Harvard, escribió un artículo para la revista Foreign Affairs que luego convirtió en libro (“El choque de civilizaciones y la reconfiguración del orden mundial”).
En él, dividió al mundo en ocho civilizaciones, “definidas tanto por elementos objetivos comunes, como idioma, historia, religión, costumbres e instituciones, como por la autoidentificación subjetiva de la gente”.
Huntington postuló que, después de la Guerra Fría, las diferencias culturales serían el motor clave de conflagraciones y conflictos.
En entrevista con IPS, Müller explicó por qué la teoría de Huntington cobró tanta fuerza pese a ser inadmisible.
IPS: La introducción de la edición especial de Foreign Affairs por el 20 aniversario de la obra de Huntington, sostiene que el poder de una teoría es su escala, la intensidad y la calidad del debate que genera. Y señala que el libro es una de las contribuciones teóricas más poderosas de las últimas generaciones. En su opinión, ¿qué determina una buena teoría política?
HARALD MÜLLER: Obviamente, hay una diferencia entre una “teoría poderosa” y una académicamente “buena”. Una teoría es “poderosa” cuando toca la sensibilidad pública sobre un asunto de gran destaque al momento de su publicación. Si es fácil de captar, suficientemente simple para que la entiendan gran cantidad de personas y se acompaña de un buen trabajo de venta, puede cobrar una fuerza considerable.
Pero no es necesariamente una buena teoría. El darwinismo social fue muy poderoso a fines del siglo XIX y a comienzos del XX, pero desde el punto de vista científico fue una teoría bastante mala.
IPS: Muchos analistas sostienen que las reflexiones y los postulados de Huntington tocaron una fibra sensible.
HM: Él tocó una fibra sensible porque presentó una teoría simple y abarcadora de la política mundial en un momento en que los pueblos de Occidente habían perdido las coordenadas establecidas por la estructura simple, bipolar y antagónica de la Guerra Fría.
Él les volvió a decir a esos pueblos quiénes eran (Occidente), y quién era el enemigo (la imponente coalición sino-islámica). De hecho, su prognosis fue un reflejo de la Guerra Fría, al proyectar una coalición contraria a ese enemigo, en la que las culturas “hinduista”, “ortodoxa” y “latina” se sumarían en masa a Occidente porque el gigante sino-islámico parecía mucho más amenazador.
IPS: Huntington sugirió que los conflictos más importantes se manifestarían a partir de las divisiones existentes entre esas civilizaciones. Al mirar los conflictos mundiales de la actualidad, ¿en qué medida cree que importan las variables culturales?
HM: Como muchos observadores ya han señalado, muchos conflictos tienen lugar dentro de las “civilizaciones” de Huntington, principalmente dentro del Islam: chiitas versus sunitas, sunitas versus alauitas, los clanes en Somalia, etcétera.
En otros conflictos, la causa básica no es cultural, (como en el) quiebre de climas que atraviesa el Sahel y que enfrenta a pastores nómades con agricultores, (o en) conflictos territoriales clásicos –Israel versus Palestina, India versus Pakistán–, que no estallaron entre grupos que ya eran culturalmente distintos mientras la cuestión territorial no era lo más importante, por ejemplo durante los imperios Otomano y Británico.
En términos generales, los factores culturales –religión y condición étnica– exacerban conflictos existentes por diferentes motivos. Pero rara vez son la causa de esos conflictos.
IPS: En su libro “Coexistencia de civilizaciones: Las antípodas de Huntington”, usted evalúa si la teoría del choque es coherente y científica.
HM: Ni la historia ni la mayoría de las obras sobre civilización y cultura apoyan la idea de civilización de Huntington. Su descripción del Islam como una cultura desproporcionadamente violenta ignora que la mayoría de los países musulmanes están rodeados de muchas otras “civilizaciones”, y tiene por tanto muchas más ocasiones de “chocar” que el resto. Es un simple caso de “controlar fronteras” en lenguaje estadístico.
Él desestima los mecanismos políticos de seguridad nacional por los que los países que aspiran a construir hegemonías regionales suelen ser vistos con desconfianza por sus vecinos, que entonces buscan aliados extrarregionales como contrapeso.
También ignora que, cuanto más central se vuelve la religión en la formación de la identidad política, más fuertes serán las consecuencias de la escisión y más probables y frecuentes los choques intraculturales, como el de sunitas y chiitas.
Además, Huntington selecciona solo las fuerzas divisorias de la diversidad, pero olvida las fuerzas vinculantes de la globalización. En conjunto, es una construcción parcial y sesgada, que desatiende los aportes de la historia, la antropología, la etnología, la sociología y de algunas otras disciplinas.
IPS: A partir de las experiencias de conflictos recientes, ¿ve algún motivo para reconsiderar su análisis?
HM: No, me siento bastante cómodo con lo que escribí. Incluso el propio Huntington negó que el 11 de septiembre (de 2001, fecha de los atentados que dejaron más de 3.000 muertos en Nueva York y Washington) fuera un caso de “choque de civilizaciones”. La mayoría de las víctimas de (la red extremista) Al Qaeda son musulmanas, y la coalición anti-Al Qaeda es una impresionante colección de todas las culturas del mundo.
Sería aún más impresionante sin la extraordinaria ineptitud y cortedad de miras del gobierno (de George W. Bush, 2001-2009), que desaprovechó la ola de empatía generada por la conmoción de Nueva York y Washington y alejó a buena parte de la población mundial que inicialmente mostró solidaridad con Estados Unidos.
Una gran rivalidad de poderes vuelve a estar en escena como fuerza que moldea la política mundial. La democracia sigue su avance lento, pero en apariencia irresistible, que sin embargo no nos lleva a una “liga de democracias”, pues los Estados democráticos en el Sur global mantienen sus identidades de excolonias con visible desconfianza ante las intenciones y objetivos de los antiguos poderes coloniales.
En vez de una convergencia de dos bloques civilizatorios, vemos más alineamientos cambiantes y diversos que antes. Este no es el mundo de Huntington.
Fuentes: IPS y Other News.
-----------------------------------------------------------------
Un Comentario del experto en Medio Oriente Prof. George Chaya de INFOBAE solicitado expresamente:
¨ En efecto querido Don Jorge. Se han sucedido muchos cambios y el mundo muta rapidamente en los ultimos años, en su momento adheri a Huntington, pero los hechos del ultimo decenio o quizas un poco mas, estan mostrando que amerita reconsiderar ciertas cuestiones que dabamos por santas. El oriente medio esta marcando el pulso en esos cambios precisamente. Y a mi juicio hoy dia creo que ha quedado una sola civilizacion y esa es la civilizacion humana, y lo que vemos en ebullicion y conflicto agravado son las distintas culturas que pujan entre si para imponerse por medio de la violencia.
Un Abrazo!
GCH
Prof. George Chaya (BA) in History, Canterbury University, UK.
Consultant on Middle East and Latin America.
Twitter @george_chaya
martes, 1 de octubre de 2013
QUE ES DEMOCRACIA PARTICIPATIVA
Declaración de Principios de la Democracia Participativa
Proclamada por la Iniciativa Cultural
para una Democracia Participativa1º de julio de 2011[ English version HERE ]
La Iniciativa Cultural para una Democracia Participativa proclama que la Democracia Participativa aspira a proporcionar a todas las personas la capacidad de participación que les corresponde en la toma de las decisiones, en la supervisión y ejecución de las decisiones y en la evaluación final de las decisiones que afectan los destinos de toda la nación y el bienestar de todos y cada uno de los ciudadanos, en lo político, lo económico, lo social y lo cultural.
Inspirados en el principio fundamental del derecho a una verdadera participación ciudadana, la Democracia Participativa consiste en un compromiso a:
- Establecer la Carta Internacional de los Derechos Humanos como fundamento indispensable para el desarrollo de la Constitución de cada país;
- Promover la separación de los tres poderes fundamentales – ejecutivo, legislativo y judicial – y la creación de un poder subordinado económico que desempeñe un papel profesional de mediación entre los poderes ejecutivo y legislativo en cuestiones de presupuesto;
- Promover dentro de cada ámbito de actuación la participación directa de los ciudadanos en la toma y evaluación de decisiones de los órganos de gobierno en los niveles local y provincial y en la propuesta (iniciativas populares) y aprobación de normas jurídicas en los niveles local, provincial, regional y estatal o federal;
- Promover una legislatura donde una de sus ramas refleje mediante proceso electoral los intereses programáticos de las diferentes corrientes políticas establecidas y reconocidas y la otra se organice mediante un sistema progresivo de Asambleas electivas que respondan a los intereses populares de sus bases respectivas y que se organicen de conformidad con el Principio de Subsidiariedad;
- Definir al Poder Ejecutivo como un poder dedicado a la administración de los mandatos del pueblo provenientes de las Asambleas y de los lineamientos partidistas provenientes de la otra rama legislativa, de conformidad con las decisiones conjuntas de un Congreso así constituido;
- Establecer requisitos mínimos de formación para poder acceder a los cargos públicos;
- Promover la independencia del poder Judicial y la elección popular de jueces de primera instancia seleccionados como candidatos por organizaciones profesionales del derecho y/o por organizaciones defensoras de los derechos humanos y/o que se presenten individualmente como candidatos con el respaldo de muchos años de servicio ejemplar. La instalación de jueces en instancias superiores seguirán las normas constitucionales establecidas por medios democráticos;
- Defender el interés general para que prevalezca sobre los intereses de grupos de presión o cabildeo en los asuntos que involucren al poder ejecutivo, legislativo y judicial;
- Aceptar la realidad democrática de grupos de presión o cabildeo que actúen de acuerdo a normas de absoluta trasparencia mediante la amplia y libre divulgación de sus metas y aspiraciones;
- Crear mecanismos de control que prevengan la corrupción, la impunidad y el abuso de autoridad, con sanciones obligatorias que impliquen la destitución de los culpables y su sometimiento a un procedimiento judicial establecido de conformidad con las decisiones legislativas;
- Establecer la transparencia en el funcionamiento de la Administración Pública mediante el escrutinio periódico y obligatorio por parte del poder económico, con libre acceso a las cuentas y procedimientos públicos, introduciendo mecanismos para el control y supervisión por parte de los ciudadanos de la actividad de los poderes ejecutivo y legislativo, mediante organismos creados y mantenidos por la sociedad civil como parte del poder económico;
- Impulsar la colaboración del Estado con los grupos religiosos, filantrópicos y humanitarios empeñados en realizar funciones que beneficien a la comunidad sin interferir ni ejercer influencia en las funciones y decisiones públicas.
La Iniciativa Cultural para una Democracia Participativa suscribe esta Declaración de Principios con el propósito de fomentar los medios para proporcionar a los ciudadanos la capacidad decisiva de participación democrática, exigiendo que los programas e iniciativas de gobierno ofrezcan oportunidades iguales para todos, condenando el uso de la violencia y promoviendo el diálogo y la negociación en la presentación de objetivos políticos y la toma de decisiones que afecten a la comunidad o a la nación.
Creemos que el futuro nos pertenece, que debemos tener control sobre él, que una mayor participación democrática abre las puertas del progreso y la paz para un mundo mejor.
Fuente:
Democracia Participativa
La diplomacia de terciopelo de Irán
de Nazanín Armanian en Público
Autor: Nazanín Armanian ,periodista
el 30 septiembre, 2013 en Comunicación, Cultura, Derechos, Economía, Internacional, Libertades, Política,Sociedad
OPINIÓN
Llevan nombres de los nietos de Mahoma: Husein y Hasan, quienes representan dos modos de actuar distintos frente al enemigo: uno apodado el “príncipe de los guerreros” se lanzó a una batalla suicida por el califato, y murió tras caer en una emboscada en Kerbala (Irak) año 608, mientras Hasan al ver que no podía derrotar al poderoso ejército de Moawiya Omeya, optó por entregarle el poder.
Husein Obama y Hasan Rohani han decidido declarar un alto el fuego en sus conflictos, evitando una batalla que sería la madre de todas las guerras. Si Obama, que nombró 25 veces a Irán en su discurso ante la ONU, consigue impedir el ingreso de Irán en el club nuclear sería el principal logro en su política exterior (La prioridad de Obama: ¿Siria, Egipto o Irán?).
Hace 36 años del último encuentro entre los máximos responsables de ambos países. “Usted preside una isla de estabilidad”, le dijo Jimmy Carter al Sha, mientras la tierra temblaba bajo los pies insensibles del dictador y una revolución democrática (luego secuestrada y abortada) un año después acababa con 2.500 años de monarquía.
Lo anecdótico es que no fue la República Islámica (RI) la que cortó sus relaciones con EEUU, sino al revés. Ocurrió cuando la embajada de Washington en Teherán fue ocupada en protesta por la acogida del Sha y su familia en aquel país, después de que huyeran con maletines llenos de joyas y dinero.
La enemistad con EEUU no es intrínseca a la naturaleza de la RI. Incluso después, de forma “clandestina”, los políticos de ambos Estados siguieron coordinando sus estrategias, como prueban varios ejemplos: cuando a petición del candidato republicano Ronald Reagan, Irán no liberó a los rehenes de la embajada para impedir la reelección de Carter en 1980. El escándalo “Irangate” (Irán desmonta la agenda de Obama), la visita del general Robert MacFarlane a Teherán en 1987, siendo presidente el ayatolá Alí Jamenei –actual jefe del Estado-, para pedirle bases para espiar a la URSS. La cooperación con Bush para derrocar a Saddam Husein y los Taliban y, luego, establecer gobiernos clientes en ambos países. La última muestra de esta coordinación de estrategias ha sido el viaje del estadounidense Jeffrey Feltman, en calidad de representante de la ONU, para negociar sobre Siria.
Ahora bien, tantos años de “Muerte a América” y de achacar todos las males del país a la superpotencia, ha convertido a las autoridades del país en rehenes de sus propias consignas, de modo que ahora resulta difícil restablecer relaciones con el Gran Satán, ante una audiencia radical confusa que ha mostrado su indignación lanzando zapatos a la comitiva de Rohani a su regreso de Nueva York. ¡Menos mal que no se hizo una foto con Obama!
La 68 asamblea de las Naciones Unidas pasará a la historia por dar una última oportunidad a la solución política al conflicto nuclear entre Irán y las potencias mundiales.
Hasan Rohani, que contaba con la bendición de Jamenei, exhibía el final de la política Ahdmadineyad en política exterior: sonrisa en los labios y cortés, asistió a esta reunión acompañado por el diputado de los judíos iraníes, mientras condenaba los crímenes nazis contra los hebreos.
Que la delegación israelí se quedase sola en su gesto de abandonar la sala mostraba el interés de todos los demás países en escuchar al nuevo presidente de Irán. La política blanda de Rohani ha colocado a un aprieto a un Netanyahu que, sin duda, echa de menos a Ahmadineyad.
Aquí, el presidente Obama dijo dos cosas que la RI quería oír:
1. Que “no busca cambiar al régimen”.
2. Que respeta el derecho de Irán a acceder a la energía nuclear con fines pacíficos.
Era la primera vez en años que Obama no amenazaba Irán ni pronunció la frase maldita: “todas las opciones están encima de la mesa”.
El trasfondo del cambio
Los motivos de EEUU son:
- Negociar con Teherán es menos costoso que una guerra suicida o aceptar un Irán nuclear.
- La opinión pública de EEUU e Israel está en contra de una aventura bélica por tierras iraníes (campaña Te amamos: Irán e Israel)
- Si dos de sus más firmes aliados, Reino Unido y Alemania, se negaron a colaborar en el ataque militar contra Al Asad, tampoco lo harían contra Irán, un bocado imposible de digerir.
- El “precipicio fiscal” y la falta de dinero para un nuevo conflicto de envergadura.
- Necesita de la RI para pacificar -o llevar adelante sus políticas en- Afganistán, Irak, Siria y Líbano.
Los motivos de Irán:
- Las sanciones que están estrangulando su economía hasta límites ya insoportables y los bajos precios del petróleo. La “Petropolítica” muestra el efecto inmediato de la correlación negativa entre las fluctuaciones en el precio y la oferta del crudo sobre la política exterior e interior (la calidad de la democracia política-económica) de un país. A más petrodólar, más independencia del poder sobre la voluntad de los ciudadanos. En los últimos ocho años, el gobierno de Ahmadinejad disfrutó de unos ingresos por petróleo superiores a la suma de todos los ingresos obtenidos durante los cien años pasados, sin que mejorasen las condiciones de vida de la gente. Hoy, la RI no puede ignorar la voluntad del pueblo.
- Temor a un estallido social más grande que el del 2005 y esta vez no será por razones políticas y de derechos civiles, sino por las condiciones económicas.
- Un aislamiento imposible de sobrellevar, cuatro sanciones de la ONU y un amplio frente unido contra el país a nivel mundial: desde sus vecinos turcos, judíos y árabes, hasta potencias “aliadas” como China y Rusia que votan en favor de las sanciones en el Consejo de Seguridad.
- Las presiones contra Siria, su único aliado en la región.
- Al contrario de hace unos años, hoy Irán se siente bastante fuerte para defenderse sin necesidad de armas nucleares.
- Necesita alcanzar un acuerdo con Washington antes de que Obama abandonase la Casa Blanca en 2016.
- Si pretende ser una potencia regional, sólo lo será si es aliado de EEUU, como Turquía o Israel.
El precio iraní para abandonar el programa nuclear:
- Garantías de seguridad, de que no será atacado por EEUU-Israel.
- Levantar las sanciones económicas y financieras.
- Derecho a contar con la energía nuclear, en condiciones que respeten su soberanía, es decir, poder enriquecer el uranio en el propio país.
EEUU pide a Irán:
- Demostrar los fines pacíficos de su programa nuclear.
- Abandonar a Bachar al Asad.
Los obstáculos en sus caminos
Ambos mandatarios se enfrentan a una fuerte oposición dentro y fuera de sus países.
El presidente iraní tiene en su contra: al poder judicial, al parlamento y una amplia red descoordinada de órganos, grupos e instituciones de intereses diversos, como los “Principialistas”, la élite integrista multidimensional contraria a cambiar elstatus quo, quienes agitan la bandera de los “valores” de la lucha contra el Gran Satán. Son los que desde Irán impidieron hasta el encuentro “casual” entre Obama y Rohani en los pasillos de la ONU. También están en contra algunos sectores del todopoderoso ejército de Guardianes Islámicos, que rechazaron la oferta de Rohani de mantener su influencia en la economía a cambio de no interferir en la política; el sector que desconfía de las intenciones de Washington y no piensa abandonar a Asad, considerando Siria la “profundidad estratégica” de Irán y a este acercamiento una claudicación ante el imperio. A su vez, los comerciantes enriquecidos gracias al mercado negro creado por las sanciones económicas, quienes ganan millones cobrando altas comisiones al importar dólares americanos, gracias al boicot impuesto sobre el sector financiero iraní por la ONU y EEUU. Están los grupos “anti occidentales” –civiles y paramilitares con fuertes lazos económicos con el poder – que la misma RI creó para infundir un estado de terror constante en la sociedad y acusar de ser agentes de la CIA a sus opositores. Algunos que siguen en el Ministerio de Interior, son los mismos que durante la presidencia del reformista Mohamed Jatami perpetraron los “asesinatos en cadena” de un centenar de intelectuales y políticos para socavar a su gobierno.
Es peligrosa, a su vez, la postura ambigua de Alí Jamenei, que es capaz de desautorizarle y apartarle si los intentos de levantar las sanciones fracasan o se siente amenazado por la estrecha unión entre Rohani y Hashemi Rafsenyani.
Además, hay que añadir que EEUU haya unido el expediente nuclear iraní con el de Siria y las elevadas expectativas que, desde su toma de posesión, se han levantado entre los ciudadanos. Por todo ello, Rohani ha advertido a EEUU sobre la provisionalidad de esta oportunidad.
Por su parte, Obama debe: acabar con la desconfianza que las agresiones militares de su país han creado en Oriente Próximo; neutralizar las presiones de los republicanos, los árabes e Israel, que observan irritados cómo la opción militar contra los ayatolás se ha debilitado; imponer su voluntad a Netanyahu, que exige anular la capacidad de Irán para militarizar su tecnología nuclear, mientras el objetivo del propio Obama es la prevención de “armas nucleares”. Aquí ya no se trata de la “doble vara”, sino de lo ilógico de la postura de Tel Aviv, que es el principal beneficiado del acercamiento entre EEUU e Irán, lo cual significa el desarme de Irán y el fin de su apoyo a los enemigos de Israel en la región.
Los sectores belicistas de ambos países intentarán dinamitar cualquier acuerdo, produciendo películas como No sin mi hija o Argó, mientas otros podrán asaltar embajadas o enviar provocaciones desde Siria u otro lugar.
Se acerca la festividad iraní del 4 de noviembre, el día de la toma de la embajada de EEUU en Teherán. Es la oportunidad perfecta para el tándem Jamenie-Rohani de mostrar su buena voluntad convirtiendo las tradicionales concentraciones frente a esta sede -donde se corea “Muerte a América” y se queman banderas de barras y estrellas- en mesas de debates, conferencias televisivas, congresos, etc., explicando la nueva política del país.
Rohani debe unir la distensión en la política exterior con las reformas en el interior: levantar la censura sobre internet, autorizar el funcionamiento de los sindicatos y partidos políticos, suspender la monstruosa pena de muerte que acaba a diario con la vida de varias personas, dejar de acosar a la población por negarse a llevar la inventada vestimenta islámica, etc.- y así ampliar su base social. De momento, ha puesto en libertad a varios presos políticos, ha readmitido a decenas de estudiantes y profesores expulsados y ha declarado totalmente gratis los costos del tratamiento de los enfermos “especiales”. Son sólo algunos gestos tibios pero positivos.
Puede que no haya habido foto de Rohani y Obama juntos, pero quizás podamos ver a John Kerry -cuyo yerno es un médico iraní- paseando por Teherán.
Que por el bien de la paz mundial, no se desprecie este ramo de olivo.
Fuente:
Cafe Regio ...Periodismo de Opinion http://www.caffereggio.net/2013/09/30/la-diplomacia-de-terciopelo-de-iran-de-nazanin-armanian-en-publico/?utm_source=dlvr.it&utm_medium=twitter
domingo, 22 de septiembre de 2013
Habla FRANCISCO ,asi a secas, con claridad ,vision y mensaje...
Entrevista exclusiva al Papa Francisco
El padre Antonio Spadaro, S.J., hizo tres sesiones de entrevistas con el papa Francisco para explorar en sus planes para la Iglesia Católica, los cambios por venir e historias de su vida. Dieciséis revistas de los jesuitas publicaron esta entrevista exclusiva con el Papa Francisco el día de hoy. En Venezuela, la difusión está a cargo de la Revista SIC, que este año celebra su 75 aniversario. SIC y el Centro Gumilla le han permitido a Prodavinci reproducir el material para nuestros lectores. Cabe acotar que Spadaro es director de La Civiltà Cattolica y esta traducción al español se debe a Luis López-Yarto S.J.
Por Prodavinci | 19 de Septiembre, 2013
“Tenemos que encontrar un nuevo equilibrio, porque de otra manera el edificio moral de la Iglesia corre peligro de caer como un castillo de naipes, de perder la frescura y el perfume del Evangelio. La propuesta evangélica debe ser más sencilla, más profunda e irradiante”
“Busquemos ser una Iglesia que encuentra caminos nuevos”
Es el lunes 19 de agosto. El papa Francisco me ha dado una cita para las diez de la mañana en Santa Marta. Yo, sin embargo, quizá por herencia paterna, siento la necesidad de llegar siempre con alguna anticipación. Las personas que me acogen me hacen esperar en una salita. La espera es breve y, tras un momento, alguien me acompaña a subir al ascensor. En dos minutos me ha venido a la memoria la propuesta que surgió en Lisboa, durante una reunión de directores de algunas revistas de la Compañía de Jesús. Allí surgió la idea de publicar todos a la vez una entrevista al Papa. Hablando con los demás directores, formulamos algunas preguntas que pudiesen expresar intereses comunes. Salgo del ascensor y veo al Papa, que me espera ya junto a la puerta. En realidad tengo la curiosa impresión de no haber atravesado puerta alguna.
Cuando entro a su habitación, el Papa ofrece que me siente en una butaca. Sus problemas de espalda hacen que él deba ocupar una silla más alta y rígida que la mía. El ambiente es simple y austero. Sobre el escritorio, el espacio de trabajo es pequeño. Me impresiona lo esencial de los muebles y las demás cosas. Los libros son pocos, son pocos los papeles, pocos los objetos. Entre estos, una imagen de san Francisco, una estatua de Nuestra Señora de Luján, patrona de Argentina, un crucifijo y una estatua de san José sorprendido en el sueño, muy parecida a la que vi en su despacho de rector y superior provincial en el Colegio Máximo de San Miguel. La espiritualidad de Bergoglio no está hecha de “energías en armonía”, como las llamaría él, sino de rostros humanos: Cristo, san Francisco, san José, María.
El Papa me acoge con esa sonrisa que a estas alturas ha dado la vuelta al mundo y que ensancha los corazones. Empezamos a hablar de muchas cosas, pero sobre todo de su viaje a Brasil. El Papa lo considera una verdadera gracia. Le pregunto si ha descansado ya. Me responde que sí, que se encuentra bien, pero, sobre todo, que la Jornada Mundial de la Juventud ha supuesto para él un “misterio”. Me dice que no estaba acostumbrado a hablar a tanta gente: “Yo suelo dirigir la vista a las personas concretas, una a una, y ponerme en contacto de forma personal con quien tengo delante. No estoy hecho a las masas”. Le digo que es verdad, que eso se ve, y que a todos nos impresiona. Se ve que, cuando se encuentra en medio de la gente, en realidad posa sus ojos sobre personas concretas. Como luego las cámaras proyectarán las imágenes y todos podrán contemplarle, queda libre para ponerse en contacto directo, por lo menos ocular, con el que tiene delante. Tengo la impresión de que esto le satisface, es decir, poder ser el que es, no sentirse obligado a cambiar su modo normal de comunicarse con los demás, ni siquiera cuando tiene delante a millones de personas, como fue el caso en la playa de Copacabana.
Antes de que pueda encender mi grabadora hablamos todavía de otra cosa. Comentando una publicación mía, me dice que los dos pensadores franceses contemporáneos que más le gustan son Henri de Lubac y Michel de Certeau. Le confieso también yo algo más personal. Y él comienza a hablarme de sí y de su elección al pontificado. Me dice que cuando comenzó a darse cuenta de que podría llegar a ser elegido –era el miércoles 13 de marzo durante la comida– sintió que le envolvía una inexplicable y profunda paz y consolación interior, junto con una oscuridad total que dejaba en sombras el resto de las cosas. Y que estos sentimientos le acompañaron hasta su elección.
Sinceramente hubiera continuado hablando en este tono familiar por mucho tiempo, pero tomo las páginas con las preguntas que llevo anotadas y enciendo la grabadora. Antes de nada, le doy las gracias en nombre de todos los directores de las revistas de la Compañía de Jesús que publicarán esta entrevista.
El Papa, poco antes de la audiencia que concedió a los jesuitas de la Civiltà Cattolica, me había mencionado su gran renuencia a conceder entrevistas. Me había confesado que prefiere pensarse las cosas más que improvisar respuestas sobre la marcha en una entrevista. Siente que las respuestas precisas le surgen cuando ya ha formulado la primera: “No me reconocía a mí mismo cuando comencé a responder a los periodistas que me lanzaban sus preguntas durante el vuelo de vuelta de Río de Janeiro”, me dice. Pero es cierto: a lo largo de esta entrevista el Papa se ha sentido libre de interrumpir lo que estaba diciendo en su respuesta a una pregunta, para añadir algo a una respuesta anterior. Hablar con el papa Francisco es una especie de flujo volcánico de ideas que se engarzan unas con otras. Incluso el acto de tomar apuntes me produce la desagradable sensación de estar interrumpiendo un diálogo espontáneo. Es obvio que el papa Francisco está más acostumbrado a la conversación que a la cátedra.
¿Quién es Jorge Mario Bergoglio?
Tengo una pregunta preparada, pero decido no seguir el esquema prefijado y la formulo un poco a quemarropa: “¿Quién es Jorge Mario Bergoglio?”. Se me queda mirando en silencio. Le pregunto si es lícito hacerle esta pregunta… Hace un gesto de aceptación y me dice: “No sé cuál puede ser la respuesta exacta… Yo soy un pecador. Esta es la definición más exacta. Y no se trata de un modo de hablar o un género literario. Soy un pecador”.
El Papa sigue reflexionando, concentrado, como si no se hubiese esperado esta pregunta, como si fuese necesario pensarla más.
“Bueno, quizá podría decir que soy despierto, que sé moverme, pero que, al mismo tiempo, soy bastante ingenuo. Pero la síntesis mejor, la que me sale más desde dentro y siento más verdadera es esta: “Soy un pecador en quien el Señor ha puesto los ojos”. Y repite: “Soy alguien que ha sido mirado por el Señor. Mi lema, ‘Miserando atque eligendo’, es algo que, en mi caso, he sentido siempre muy verdadero”.
El papa Francisco ha tomado este lema de las homilías de san Beda el Venerable que, comentando el pasaje evangélico de la vocación de san Mateo, escribe: “Jesús vio un publicano y, mirándolo con amor y eligiéndolo, le dijo: Sígueme”. Añade: “El gerundio latino miserando me parece intraducible tanto en italiano como en español. A mí me gusta traducirlo con otro gerundio que no existe: misericordiando”.
El papa Francisco, siguiendo el hilo de su reflexión, me dice, dando un salto cuyo sentido no acabo de comprender: “Yo no conozco Roma. Son pocas las cosas que conozco. Entre estas está Santa María la Mayor: solía ir siempre”. Riendo, le digo: “¡Lo hemos entendido todos muy bien, Santo Padre!”. “Bueno, sí –prosigue el Papa–, conozco Santa María la Mayor, San Pedro… pero cuando venía a Roma vivía siempre en Vía della Scrofa. Desde allí me acercaba con frecuencia a visitar la iglesia de San Luis de los Franceses y a contemplar el cuadro de la vocación de san Mateo de Caravaggio”. Empiezo a intuir qué me quiere decir el Papa.
“Ese dedo de Jesús, apuntando así… a Mateo. Así estoy yo. Así me siento. Como Mateo”. Y en este momento el Papa se decide, como si hubiese captado la imagen de sí mismo que andaba buscando: “Me impresiona el gesto de Mateo. Se aferra a su dinero, como diciendo: ‘¡No, no a mí! No, ¡este dinero es mío!’. Esto es lo que yo soy: un pecador al que el Señor ha dirigido su mirada… Y esto es lo que dije cuando me preguntaron si aceptaba la elección de Pontífice”. Y murmura: “Peccator sum, sed super misericordia el infinita patientia Domini nostri Jesu Christi confisus et in spiritu penitentiae accepto”.
¿Por qué se hizo jesuita?
Me hago cargo de que esta fórmula de aceptación es para el papa Francisco una tarjeta de identidad. Nada más que añadir. Y continúo con la que llevaba preparada como primera pregunta: “Santo Padre, ¿qué le movió a tomar la decisión de entrar en la Compañía de Jesús? ¿Qué le llamaba la atención en la Orden de los jesuitas?”.
“Quería algo más. Pero no sabía qué era. Había entrado en el seminario. Me atraían los dominicos y tenía amigos dominicos. Pero al fin he elegido la Compañía, que llegué a conocer bien, al estar nuestro seminario confiado a los jesuitas. De la Compañía me impresionaron tres cosas: su carácter misionero, la comunidad y la disciplina. Y esto es curioso, porque yo soy un indisciplinado nato, nato, nato. Pero su disciplina, su modo de ordenar el tiempo, me ha impresionado mucho”.
“Y, después, hay algo fundamental para mí: la comunidad. Había buscado desde siempre una comunidad. No me veía sacerdote solo: tengo necesidad de comunidad. Y lo deja claro el hecho de haberme quedado en Santa Marta: cuando fui elegido ocupaba, por sorteo, la habitación 207. Esta en que nos encontramos ahora es una habitación de huéspedes. Decidí vivir aquí, en la habitación 201, porque, al tomar posesión del apartamento pontificio, sentí dentro de mí un ‘no’. El apartamento pontificio del palacio apostólico no es lujoso. Es antiguo, grande y puesto con buen gusto, no lujoso. Pero en resumidas cuentas es como un embudo al revés. Grande y espacioso, pero con una entrada de verdad muy angosta. No es posible entrar sino con cuentagotas, y yo, la verdad, sin gente no puedo vivir. Necesito vivir mi vida junto a los demás”.
Mientras el Papa habla de misión y de comunidad, me vienen a la cabeza tantos documentos de la Compañía de Jesús que hablan de “comunidad para la misión”, y los descubro en sus palabras.
Y para un jesuita, ¿qué significa ser Papa?
Quiero seguir en esta línea, y lanzo al Papa una pregunta que parte del hecho de que él es el primer jesuita elegido Obispo de Roma: “¿Cómo entiende el servicio a la Iglesia universal, que Ud. ha sido llamado a desempeñar, a la luz de la espiritualidad ignaciana? ¿Qué significa para un jesuita haber sido elegido Papa? ¿Qué aspecto de la espiritualidad ignaciana le ayuda más a vivir su ministerio?”.
“El discernimiento”, responde el papa Francisco. “El discernimiento es una de las cosas que Ignacio ha elaborado más interiormente. Para él, es un instrumento de lucha para conocer mejor al Señor y seguirlo más de cerca. Me ha impresionado siempre una máxima con la que suele describirse la visión de Ignacio: Non coerceri maximo, sed contineri minimo divinum est. He reflexionado largamente sobre esta frase por lo que toca al gobierno, a ser superior: no tener límite para lo grande, pero concentrarse en lo pequeño. Esta virtud de lo grande y lo pequeño se llama magnanimidad, y, a cada uno desde la posición que ocupa, hace que pongamos siempre la vista en el horizonte. Es hacer las cosas pequeñas de cada día con el corazón grande y abierto a Dios y a los otros. Es dar su valor a las cosas pequeñas en el marco de los grandes horizontes, los del Reino de Dios”.
“Esta máxima ofrece parámetros para adoptar la postura correcta en el discernimiento, para sentir las cosas de Dios desde su ‘punto de vista’. Para san Ignacio hay que encarnar los grandes principios en las circunstancias de lugar, tiempo y personas. A su modo, Juan XXIII adoptó esta actitud de gobierno al repetir la máxima Omnia videre, multa disimulare, pauca corrigere porque, aun viendo omnia, dimensión máxima, prefería actuar sobre pauca, dimensión mínima”.
“Es posible tener proyectos grandes y llevarlos a cabo actuando sobre cosas mínimas. Podemos usar medios débiles que resultan más eficaces que los fuertes, como dice san Pablo en la primera Carta a los Corintios”.
“Un discernimiento de este tipo requiere tiempo. Son muchos, por poner un ejemplo, los que creen que los cambios y las reformas pueden llegar en un tiempo breve. Yo soy de la opinión de que se necesita tiempo para poner las bases de un cambio verdadero y eficaz. Se trata del tiempo del discernimiento. Y a veces, por el contrario, el discernimiento nos empuja a hacer ya lo que inicialmente pensábamos dejar para más adelante. Es lo que me ha sucedido a mí en estos meses. Y el discernimiento se realiza siempre en presencia del Señor, sin perder de vista los signos, escuchando lo que sucede, el sentir de la gente, sobre todo de los pobres. Mis decisiones, incluso las que tienen que ver con la vida normal, como el usar un coche modesto, van ligadas a un discernimiento espiritual que responde a exigencias que nacen de las cosas, de la gente, de la lectura de los signos de los tiempos. El discernimiento en el Señor me guía en mi modo de gobernar”.
“Pero, mire, yo desconfío de las decisiones tomadas improvisadamente. Desconfío de mi primera decisión, es decir, de lo primero que se me ocurre hacer cuando debo tomar una decisión. Suele ser un error. Hay que esperar, valorar internamente, tomarse el tiempo necesario. La sabiduría del discernimiento nos libra de la necesaria ambigüedad de la vida, y hace que encontremos los medios oportunos, que no siempre se identificarán con lo que parece grande o fuerte”.
La Compañía de Jesús
El discernimiento es, por tanto, un pilar de la espiritualidad del Papa. Esto es algo que expresa de forma especial su identidad de jesuita. En consecuencia, le pregunto cómo puede la Compañía de Jesús servir a la Iglesia de hoy, con qué rasgos peculiares, y también cuáles son los riesgos que le pueden amenazar.
“La Compañía es una institución en tensión, siempre radicalmente en tensión. El jesuita es un descentrado. La Compañía en sí misma está descentrada: su centro es Cristo y su Iglesia. Por tanto, si la Compañía mantiene en el centro a Cristo y a la Iglesia, tiene dos puntos de referencia en su equilibrio para vivir en la periferia. Pero si se mira demasiado a sí misma, si se pone a sí misma en el centro, sabiéndose una muy sólida y muy bien ‘armada’ estructura, corre peligro de sentirse segura y suficiente. La Compañía tiene que tener siempre delante el Deus Semper maior, la búsqueda de la Gloria de Dios cada vez mayor, la Iglesia Verdadera Esposa de Cristo nuestro Señor, Cristo Rey que nos conquista y al que ofrecemos nuestra persona y todos nuestros esfuerzos, aunque seamos poco adecuados vasos de arcilla. Esta tensión nos sitúa continuamente fuera de nosotros mismos. El instrumento que hace verdaderamente fuerte a una Compañía descentrada es la realidad, a la vez paterna y materna, de la ‘cuenta de conciencia’, y precisamente porque le ayuda a emprender mejor la misión”.
Aquí el Papa hace referencia a un punto específico de las Constituciones de la Compañía de Jesús, que dice que el jesuita debe “manifestar su conciencia”, es decir, la situación interior que vive, de modo que el superior pueda obrar con conocimiento más exacto al enviar una persona a su misión.
“Pero es difícil hablar de la Compañía –prosigue el papa Francisco–. Si somos demasiado explícitos, corremos el riesgo de equivocarnos. De la Compañía se puede hablar solamente en forma narrativa. Solo en la narración se puede hacer discernimiento, no en las explicaciones filosóficas o teológicas, en las que es posible la discusión. El estilo de la Compañía no es la discusión, sino el discernimiento, cuyo proceso supone obviamente discusión. El aura mística jamás define sus bordes, no completa el pensamiento. El jesuita debe ser persona de pensamiento incompleto, de pensamiento abierto. Ha habido etapas en la vida de la Compañía en las que se ha vivido un pensamiento cerrado, rígido, más instructivo-ascético que místico: esta deformación generó el Epítome del Instituto”.
Con esto el Papa alude a una especie de resumen práctico, en uso en la Compañía y formulado en el siglo XX, que llegó a ser considerado como sustituto de las Constituciones. La formación que los jesuitas recibían sobre la Compañía, durante un tiempo, venía marcada por este texto, hasta el punto que alguno podía no haber leído nunca las Constituciones, que constituyen el texto fundacional. Según el Papa, durante este período en la Compañía las reglas han corrido el peligro de ahogar el espíritu, saliendo vencedora la tentación de explicitar y hacer demasiado claro el carisma.
Prosigue: “No. El jesuita piensa, siempre y continuamente, con los ojos puestos en el horizonte hacia el que debe caminar, teniendo a Cristo en el centro. Esta es su verdadera fuerza. Y esto es lo que empuja a la Compañía a estar en búsqueda, a ser creativa, generosa. Por eso hoy más que nunca ha de ser contemplativa en la acción; tiene que vivir una cercanía profunda a toda la Iglesia, entendida como ‘pueblo de Dios’ y ‘santa madre Iglesia Jerárquica’. Esto requiere mucha humildad, sacrificio y valentía, especialmente cuando se vive incomprensiones o cuando se es objeto de equívocos o calumnias; pero es la actitud más fecunda. Pensemos en las tensiones del pasado con ocasión de los ritos chinos o los ritos malabares, o lo ocurrido en la reducciones del Paraguay”.
“Yo mismo soy testigo de incomprensiones y problemas que la Compañía ha vivido aun en tiempo reciente. Entre estas estuvieron los tiempos difíciles en que surgió la cuestión de extender el ‘cuarto voto’ de obediencia al Papa a todos los jesuitas. Lo que a mí me daba seguridad en tiempos del padre Arrupe era que se trataba de un hombre de oración, un hombre que pasaba mucho tiempo en oración. Lo recuerdo cuando oraba sentado en el suelo, como hacen los japoneses. Eso creó en él las actitudes convenientes e hizo que tomara las decisiones correctas”.
El modelo: Pedro Fabro, “sacerdote reformado”
En este momento me pregunto qué figuras de jesuitas, desde los orígenes de la Compañía hasta hoy, le habrán impresionado de modo especial. Y le pregunto al Pontífice si hay algunos, cuáles son y por qué. El Papa comienza citando a san Ignacio y san Francisco Javier, pero enseguida se detiene en una figura que los jesuitas conocen, pero que no es muy conocida por lo general: el beato Pedro Fabro (1506-1546), saboyano. Se trata de uno de los primeros compañeros de san Ignacio, el primero de todos, compañero de habitación cuando los dos eran estudiantes en la Sorbona. El tercer ocupante de aquella habitación era Francisco Javier. Pío IX le declaró beato el 5 de septiembre de 1872, y está tramitándose el proceso de canonización.
Me cita una edición de su Memorial, cuya publicación él mismo encargó, siendo superior provincial, a dos especialistas jesuitas, los padres Miguel A. Fiorito y Jaime H. Amadeo. Una edición que gusta especialmente al Papa es la preparada por Michael de Certeau. Le pregunto qué le llama tanto la atención de Fabro, y qué rasgos le impresionan más de él.
“El diálogo con todos, aun con los más lejanos y con los adversarios; su piedad sencilla, cierta probable ingenuidad, su disponibilidad inmediata, su atento discernimiento interior, el ser un hombre de grandes y fuertes decisiones que hacía compatible con ser dulce, dulce…”.
Al escuchar al papa Francisco, que va enumerando las características personales de su jesuita preferido, comprendo hasta qué punto esta figura haya constituido para él un verdadero modelo de vida. Michel de Certeau define a Fabro sencillamente como el “sacerdote reformado” para quien experiencia interior, expresión dogmática y reforma estructural eran realidades estrechamente inseparables. Me parece entender, por eso, que el papa Francisco se inspira en este tipo de reforma. Pero él sigue adelante, reflexionando sobre el verdadero rostro del fundador.
“Ignacio es un místico, no un asceta. Me enfada mucho cuando oigo decir que los Ejercicios Espirituales son ignacianos solo porque se hacen en silencio. La verdad es que los Ejercicios pueden ser perfectamente ignacianos incluso en la vida corriente y sin silencio. La tendencia que subraya el ascetismo, el silencio y la penitencia es una desviación que se ha difundido incluso en la Compañía, especialmente en el ámbito español. Yo, por mi parte, soy y me siento más cercano a la corriente mística, la de Luois Lallement y Jean-Joseph Surin. Fabro era un místico”.
La experiencia de gobierno
¿Qué tipo de experiencia de gobierno puede hacer madurar la formación que ha recibido el padre Bergoglio, que fue superior y superior provincial de la Compañía de Jesús? El estilo de gobierno de la Compañía implica que el superior toma las decisiones, pero también que establece diálogo con sus “consultores”. Pregunto al Papa: “¿Piensa que su experiencia de gobierno en el pasado puede ser útil para su situación actual, al frente del gobierno universal de la Iglesia?”.
El Papa Francisco, tras una breve pausa de reflexión se pone serio, pero muy sereno.
“En mi experiencia de superior en la Compañía, si soy sincero, no siempre me he comportado así, haciendo las necesarias consultas. Y eso no ha sido bueno. Mi gobierno como jesuita, al comienzo, adolecía de muchos defectos. Corrían tiempos difíciles para la Compañía: había desaparecido una generación entera de jesuitas. Eso hizo que yo fuera provincial aún muy joven. Tenía 36 años: una locura. Había que afrontar situaciones difíciles, y yo tomaba mis decisiones de manera brusca y personalista. Es verdad, pero debo añadir una cosa: cuando confío algo a una persona, me fío totalmente de esa persona. Debe cometer un error muy grande para que yo la reprenda. Pero, a pesar de esto, al final la gente se cansa del autoritarismo. Mi forma autoritaria y rápida de tomar decisiones me ha llevado a tener problemas serios y a ser acusado de ultraconservador. Tuve un momento de gran crisis interior estando en Córdoba. No habré sido ciertamente como la beata Imelda, pero jamás he sido de derechas. Fue mi forma autoritaria de tomar decisiones la que me creó problemas”.
“Todo esto que digo es experiencia de la vida y lo expreso por dar a entender los peligros que existen. Con el tiempo he aprendido muchas cosas. El Señor ha permitido esta pedagogía de gobierno, aunque haya sido por medio de mis defectos y mis pecados. Sucedía que, como arzobispo de Buenos Aires, convocaba una reunión con los seis obispos auxiliares cada quince días y varias veces al año con el Consejo presbiteral. Se formulaban preguntas y se dejaba espacio para la discusión. Esto me ha ayudado mucho a optar por las decisiones mejores. Ahora, sin embargo, oigo a algunas personas que me dicen: “No consulte demasiado y decida”. Pero yo creo que consultar es muy importante. Los consistorios y los sínodos, por ejemplo, son lugares importantes para lograr que esta consulta llegue a ser verdadera y activa. Lo que hace falta es darles una forma menos rígida. Deseo consultas reales, no formales. La consulta a los ocho cardenales, ese grupo consultivo externo, no es decisión solamente mía, sino que es fruto de la voluntad de los cardenales, tal como se expresó en las Congregaciones Generales antes del Cónclave. Y deseo que sea una consulta real, no formal”.
“Sentir con la Iglesia”
No abandono el tema de la Iglesia e intento comprender qué significa exactamente para el Papa Francisco el “sentir con la Iglesia” del que escribe San Ignacio en sus Ejercicios Espirituales. El Papa responde sin dudar, partiendo de una imagen.
“Una imagen de Iglesia que me complace es la de pueblo santo, fiel a Dios. Es la definición que uso a menudo y, por otra parte, es la de la Lumen Gentium en su número 12. La pertenencia a un pueblo tiene un fuerte valor teológico: Dios, en la historia de la salvación, ha salvado a un pueblo. No existe identidad plena sin pertenencia a un pueblo. Nadie se salva solo, como individuo aislado, sino que Dios nos atrae tomando en cuenta la compleja trama de relaciones interpersonales que se establecen en la comunidad humana. Dios entra en esta dinámica popular”.
“El pueblo es sujeto. Y la Iglesia es el pueblo de Dios en camino a través de la historia, con gozos y dolores. Sentir con la Iglesia, por tanto, para mí quiere decir estar en este pueblo. Y el conjunto de fieles es infalible cuando cree, y manifiesta esta infalibilidad suya al creer, mediante el sentido sobrenatural de la fe de todo el pueblo que camina. Esta es mi manera de entender el sentir con la Iglesia de que habla san Ignacio. Cuando el diálogo entre la gente y los obispos y el Papa sigue esta línea y es leal, está asistido por el Espíritu Santo. No se trata, por tanto, de un sentir referido a los teólogos”.
“Sucede como con María: Si se quiere saber quién es, se pregunta a los teólogos; si se quiere saber cómo se la ama, hay que preguntar al pueblo. María, a su vez, amó a Jesús con corazón de pueblo, como se lee en el Magníficat. Por tanto, no hay ni que pensar que la comprensión del ‘sentir con la Iglesia’ tenga que ver únicamente con sentir con su parte jerárquica”.
El Papa, tras un momento de pausa, precisa de manera seca, para evitar ser malentendido: “Obviamente hay que tener cuidado de no pensar que esta infallibilitas de todos los fieles, de la que he hablado a la luz del Concilio, sea una forma de populismo. No: es la experiencia de la ‘santa madre Iglesia jerárquica’, como la llamaba san Ignacio, de la Iglesia como pueblo de Dios, pastores y pueblo juntos. La Iglesia es la totalidad del pueblo de Dios”.
“Yo veo la santidad en el pueblo de Dios, su santidad cotidiana. Existe una ‘clase media de la santidad’ de la que todos podemos formar parte, aquella de que habla Malègue”.
El Papa se refiere a Joseph Malègue, escritor francés muy de su agrado, nacido en 1876 y muerto en 1940. En particular a su trilogía incompleta Pierres noires: Les Classes moyennes du Salut. Algunos críticos franceses lo han definido como “el Proust católico”.
“Veo la santidad –prosigue el Papa– en el pueblo de Dios paciente: una mujer que cría a sus hijos, un hombre que trabaja para llevar a casa el pan, los enfermos, los sacerdotes ancianos tantas veces heridos pero siempre con su sonrisa porque han servido al Señor, las religiosas que tanto trabajan y que viven una santidad escondida. Esta es, para mí, la santidad común. Yo asocio frecuentemente la santidad a la paciencia: no solo la paciencia comohypomoné, hacerse cargo de los sucesos y las circunstancias de la vida, sino también como constancia para seguir hacia delante día a día. Esta es la santidad de la Iglesia militante de la que habla el mismo san Ignacio. Esta era la santidad de mis padres: de mi padre, de mi madre, de mi abuela Rosa, que me ha hecho tanto bien. En el breviario llevo el testamento de mi abuela Rosa, y lo leo a menudo: porque para mí es como una oración. Es una santa que ha sufrido mucho, incluso moralmente, y ha seguido valerosamente siempre hacia delante”.
“Esta Iglesia con la que debemos sentir es la casa de todos, no una capillita en la que cabe solo un grupito de personas selectas. No podemos reducir el seno de la Iglesia universal a un nido protector de nuestra mediocridad. Y la Iglesia es Madre –prosigue–. La Iglesia es fecunda, debe serlo. Mire, cuando percibo comportamientos negativos en ministros de la Iglesia o en consagrados o consagradas, lo primero que se me ocurre es: ‘un solterón’, ‘una solterona’. No son ni padres ni madres. No han sido capaces de dar vida. Y sin embargo cuando, por ejemplo, leo la vida de los misioneros salesianos que fueron a la Patagonia, leo una historia de vida y de fecundidad”.
“Otro ejemplo de estos días: he visto que los periódicos se han hecho mucho eco de una llamada de teléfono que hice a un muchacho que me había escrito una carta. Le telefoneé porque aquella carta había sido muy hermosa, muy sencilla. Para mí, supuso un acto de fecundidad. Caí en la cuenta de que se trataba de un joven que está creciendo, que ha reconocido a su padre y le cuenta, sin más, algo de su vida. El padre no puede decirle, simplemente, ‘paso de ti’. A mí, esta fecundidad me hace mucho bien”.
Iglesias jóvenes e iglesias antiguas
Sigo con el tema de la Iglesia, y dirijo al Papa una pregunta a la luz de la reciente Jornada Mundial de la Juventud. “Este enorme evento ha puesto bajo los reflectores a los jóvenes, pero no menos a esos ‘pulmones espirituales’ que son las iglesias de institución más reciente. ¿Qué esperanzas le parece que pueden surgir desde estas Iglesias para la Iglesia universal?”
“Las Iglesias jóvenes logran una síntesis de fe, cultura y vida en progreso diferente de la que logran las Iglesias más antiguas. Para mí, la relación entre las Iglesias de tradición más antigua y las más recientes se parece a la relación que existe entre jóvenes y ancianos en una sociedad: construyen el futuro, unos con su fuerza y los otros con su sabiduría. El riesgo está siempre presente, es obvio; las Iglesias más jóvenes corren peligro de sentirse autosuficientes, y las más antiguas el de querer imponer a los jóvenes sus modelos culturales. Pero el futuro se construye unidos”.
¿Es la Iglesia un hospital de campaña?
El papa Benedicto XVI, al anunciar su renuncia al pontificado, describía un mundo actual sometido a rápidos cambios y agitado por unas cuestiones de enorme importancia para la vida de fe, que reclaman gran vigor de cuerpo y alma. Pregunto al Papa, también a la luz de lo que acaba de decir: “¿De qué tiene la Iglesia mayor necesidad en este momento histórico? ¿Hacen falta reformas? ¿Cuáles serían sus deseos para la Iglesia de los próximos años? ¿Qué Iglesia ‘sueña’?”.
El papa Francisco, refiriéndose al comienzo de mi pregunta, comienza diciendo: “El papa Benedicto realizó un acto de santidad, de grandeza y de humildad. Es un hombre de Dios”. Mostrando así un gran afecto y gran estima por su predecesor.
“Veo con claridad –prosigue– que lo que la Iglesia necesita con mayor urgencia hoy es una capacidad de curar heridas y dar calor a los corazones de los fieles, cercanía, proximidad. Veo a la Iglesia como un hospital de campaña tras una batalla. ¡Qué inútil es preguntarle a un herido si tiene altos el colesterol o el azúcar! Hay que curarle las heridas. Ya hablaremos luego del resto. Curar heridas, curar heridas… Y hay que comenzar por lo más elemental”.
“La Iglesia a veces se ha dejado envolver en pequeñas cosas, en pequeños preceptos. Cuando lo más importante es el anuncio primero: ‘¡Jesucristo te ha salvado!’. Y los ministros de la Iglesia deben ser, ante todo, ministros de misericordia. Por ejemplo, el confesor corre siempre peligro de ser o demasiado rigorista o demasiado laxo. Ninguno de los dos es misericordioso, porque ninguno de los dos se hace de verdad cargo de la persona. El rigorista se lava las manos y lo remite a lo que está mandado. El laxo se lava las manos diciendo simplemente ‘esto no es pecado’ o algo semejante. A las personas hay que acompañarlas, las heridas necesitan curación”.
“¿Cómo estamos tratando al pueblo de Dios? Yo sueño con una Iglesia Madre y Pastora. Los ministros de la Iglesia tienen que ser misericordiosos, hacerse cargo de las personas, acompañándolas como el buen samaritano que lava, limpia y consuela a su prójimo. Esto es Evangelio puro. Dios es más grande que el pecado. Las reformas organizativas y estructurales son secundarias, es decir, vienen después. La primera reforma debe ser la de las actitudes. Los ministros del Evangelio deben ser personas capaces de caldear el corazón de las personas, de caminar con ellas en la noche, de saber dialogar e incluso descender a su noche y su oscuridad sin perderse. El pueblo de Dios necesita pastores y no funcionarios ‘clérigos de despacho’. Los obispos, especialmente, han de ser hombres capaces de apoyar con paciencia los pasos de Dios en su pueblo, de modo que nadie quede atrás, así como de acompañar al rebaño, con su olfato para encontrar veredas nuevas”.
“En lugar de ser solamente una Iglesia que acoge y recibe, manteniendo sus puertas abiertas, busquemos más bien ser una Iglesia que encuentra caminos nuevos, capaz de salir de sí misma yendo hacia el que no la frecuenta, hacia el que se marchó de ella, hacia el indiferente. El que abandonó la Iglesia a veces lo hizo por razones que, si se entienden y valoran bien, pueden ser el inicio de un retorno. Pero es necesario tener audacia y valor”.
Recojo lo que está diciendo el Santo Padre para hablar de aquellos cristianos que viven situaciones irregulares para la Iglesia, o diversas situaciones complejas; cristianos que, de un modo o de otro, mantienen heridas abiertas. Pienso en los divorciados vueltos a casar, en parejas homosexuales y en otras situaciones difíciles. ¿Cómo hacer pastoral misionera en estos casos? ¿Dónde encontrar un punto de apoyo? El Papa da a entender con un gesto que ha comprendido lo que quiero decirle y me responde.
“Tenemos que anunciar el Evangelio en todas partes, predicando la buena noticia del Reino y curando, también con nuestra predicación, todo tipo de herida y cualquier enfermedad. En Buenos Aires recibía cartas de personas homosexuales que son verdaderos ’heridos sociales‘, porque me dicen que sienten que la Iglesia siempre les ha condenado. Pero la Iglesia no quiere hacer eso. Durante el vuelo en que regresaba de Río de Janeiro dije que si una persona homosexual tiene buena voluntad y busca a Dios, yo no soy quién para juzgarla. Al decir esto he dicho lo que dice el Catecismo. La religión tiene derecho de expresar sus propias opiniones al servicio de las personas, pero Dios en la creación nos ha hecho libres: no es posible una injerencia espiritual en la vida personal. Una vez una persona, para provocarme, me preguntó si yo aprobaba la homosexualidad. Yo entonces le respondí con otra pregunta: ‘Dime, Dios, cuando mira a una persona homosexual, ¿aprueba su existencia con afecto o la rechaza y la condena?’. Hay que tener siempre en cuenta a la persona. Y aquí entramos en el misterio del ser humano. En esta vida Dios acompaña a las personas y es nuestro deber acompañarlas a partir de su condición. Hay que acompañar con misericordia. Cuando sucede así, el Espíritu Santo inspira al sacerdote la palabra oportuna”.
“Esta es la grandeza de la confesión: que se evalúa caso a caso, que se puede discernir qué es lo mejor para una persona que busca a Dios y su gracia. El confesionario no es una sala de tortura, sino aquel lugar de misericordia en el que el Señor nos empuja a hacer lo mejor que podamos. Estoy pensando en la situación de una mujer que tiene a sus espaldas el fracaso de un matrimonio en el que se dio también un aborto. Después de aquello esta mujer se ha vuelto a casar y ahora vive en paz con cinco hijos. El aborto le pesa enormemente y está sinceramente arrepentida. Le encantaría retomar la vida cristiana. ¿Qué hace el confesor?”.
“No podemos seguir insistiendo solo en cuestiones referentes al aborto, al matrimonio homosexual o al uso de anticonceptivos. Es imposible. Yo he hablado mucho de estas cuestiones y he recibido reproches por ello. Pero si se habla de estas cosas hay que hacerlo en un contexto. Por lo demás, ya conocemos la opinión de la Iglesia y yo soy hijo de la Iglesia, pero no es necesario estar hablando de estas cosas sin cesar”.
“Las enseñanzas de la Iglesia, sean dogmáticas o morales, no son todas equivalentes. Una pastoral misionera no se obsesiona por transmitir de modo desestructurado un conjunto de doctrinas para imponerlas insistentemente. El anuncio misionero se concentra en lo esencial, en lo necesario, que, por otra parte es lo que más apasiona y atrae, es lo que hace arder el corazón, como a los discípulos de Emaús”.
“Tenemos, por tanto, que encontrar un nuevo equilibrio, porque de otra manera el edificio moral de la Iglesia corre peligro de caer como un castillo de naipes, de perder la frescura y el perfume del Evangelio. La propuesta evangélica debe ser más sencilla, más profunda e irradiante. Solo de esta propuesta surgen luego las consecuencias morales”.
“Digo esto pensando también en la predicación y en los contenidos de nuestra predicación. Una buena homilía, una verdadera homilía, debe comenzar con el primer anuncio, con el anuncio de la salvación. No hay nada más sólido, profundo y seguro que este anuncio. Después vendrá una catequesis. Después se podrá extraer alguna consecuencia moral. Pero el anuncio del amor salvífico de Dios es previo a la obligación moral y religiosa. Hoy parece a veces que prevalece el orden inverso. La homilía es la piedra de toque si se quiere medir la capacidad de encuentro de un pastor con su pueblo, porque el que predica tiene que reconocer el corazón de su comunidad para buscar dónde permanece vivo y ardiente el deseo de Dios. Por eso el mensaje evangélico no puede quedar reducido a algunos aspectos que, aun siendo importantes, no manifiestan ellos solos el corazón de la enseñanza de Jesús”.
El primer Papa religioso después de 182 años
El papa Francisco es el primer Pontífice que proviene de una orden religiosa después del camaldulense Gregorio XVI, elegido en 1831, hace 182 años. Así, pues, pregunto: “¿Qué puesto específico tienen hoy en la Iglesia los religiosos y las religiosas?”.
“Los religiosos son profetas. Son los que eligieron un modo de seguir a Jesús que imita su vida con la obediencia al Padre, la pobreza, la vida de comunidad y la castidad. En este sentido, los votos no pueden acabar convirtiéndose en caricaturas, porque cuando así sucede, por ejemplo, la vida de comunidad se vuelve un infierno y la castidad una vida de solterones. El voto de castidad debe ser un voto de fecundidad. En la Iglesia los religiosos son llamados especialmente a ser profetas que dan testimonio de cómo se vive a Jesús en este mundo, y que anuncian cómo será el Reino de Dios cuando llegue a su perfección. Un religioso no debe jamás renunciar a la profecía. Lo cual no significa actitud de oposición a la parte jerárquica de la Iglesia, aunque función profética y estructura jerárquica no coinciden. Estoy hablando de una propuesta positiva, que no debe realizarse con temor. Pensemos en lo que han hecho tantos grandes santos de la vida monástica, religiosos y religiosas, desde tiempos de san Antonio Abad. Ser profeta implica, a veces, hacer ruido, no sé cómo decir… La profecía crea alboroto, estruendo, alguno diría que crea ‘gran confusión’. Pero en realidad su carisma es ser levadura: la profecía anuncia el espíritu del Evangelio”.
Dicasterios romanos, sinodalidad, ecumenismo
Partiendo de la alusión a la Jerarquía, en este momento pregunto al Papa: “¿Qué piensa de los dicasterios romanos?”.
“Los dicasterios romanos están al servicio del Papa y de los obispos: tienen que ayudar a las Iglesias particulares y a las conferencias episcopales. Son instancias de ayuda. Pero, en algunos casos, cuando no son bien entendidos, corren peligro de convertirse en organismos de censura. Impresiona ver las denuncias de falta de ortodoxia que llegan a Roma. Pienso que quien debe estudiar los casos son las conferencias episcopales locales, a las que Roma puede servir de valiosa ayuda. La verdad es que los casos se tratan mejor sobre el terreno. Los dicasterios romanos son mediadores, no intermediarios ni gestores”.
Recuerdo al Papa que el pasado 29 de junio, durante la ceremonia de bendición e imposición de los palios a los 34 arzobispos metropolitanos, definió “la vía de la sinodalidad” como el camino que lleva a la Iglesia unida “a crecer en armonía con el servicio del primado”. En consecuencia, mi pregunta es esta: “¿Cómo conciliar en armonía primado petrino y solidaridad? ¿Qué caminos son practicables, incluso con perspectiva ecuménica?”.
“Debemos caminar juntos: la gente, los obispos y el Papa. Hay que vivir la sinodalidad a varios niveles. Quizá es tiempo de cambiar la metodología del sínodo, porque la actual me parece estática. Eso podrá llegar a tener valor ecuménico, especialmente con nuestros hermanos ortodoxos. De ellos podemos aprender mucho sobre el sentido de la colegialidad episcopal y sobre la tradición de sinodalidad. El esfuerzo de reflexión común, observando cómo se gobernaba la Iglesia en los primeros siglos, antes de la ruptura entre Oriente y Occidente, acabará dando frutos. Para las relaciones ecuménicas es importante una cosa: no solo conocerse mejor, sino también reconocer lo que el Espíritu ha ido sembrando en los otros como don también para nosotros. Yo deseo proseguir la reflexión sobre cómo ejercer el primado petrino que inició ya en 2007 la Comisión Mixta y que condujo a la firma del Documento de Ravena. Hay que seguir esta vía”.
Intento captar cómo ve el Papa el futuro de la unidad de la Iglesia. Me responde: “Tenemos que caminar unidos en las diferencias: no existe otro camino para unirnos. El camino de Jesús es ese”.
¿Y el papel de la mujer en la Iglesia? El Papa se ha referido más de una vez a este tema en ocasiones diversas. En una entrevista afirmó que la presencia femenina en la Iglesia apenas se ha hecho notar, porque la tentación del machismo no ha dejado espacio para hacer visible el papel que corresponde a la mujer en la comunidad. Retomó el tema durante el viaje de vuelta de Río de Janeiro, afirmando que no se ha hecho aún una teología profunda de la mujer. Yo le pregunto: “¿Cuál debe ser el papel de la mujer en la Iglesia? ¿Qué hacer hoy para darle una mayor visibilidad?”.
“Es necesario ampliar los espacios para una presencia femenina más incisiva en la Iglesia. Temo la solución del ‘machismo con faldas’, porque la mujer tiene una estructura diferente del varón. Pero los discursos que oigo sobre el rol de la mujer a menudo se inspiran en una ideología machista. Las mujeres están formulando cuestiones profundas que debemos afrontar. La Iglesia no puede ser ella misma sin la mujer y el papel que esta desempeña. La mujer es imprescindible para la Iglesia. María, una mujer, es más importante que los obispos. Digo esto porque no hay que confundir la función con la dignidad. Es preciso, por tanto, profundizar más en la figura de la mujer en la Iglesia. Hay que trabajar más hasta elaborar una teología profunda de la mujer. Solo tras haberlo hecho podremos reflexionar mejor sobre su función dentro de la Iglesia. En los lugares donde se toman las decisiones importantes es necesario el genio femenino. Afrontamos hoy este desafío: reflexionar sobre el puesto específico de la mujer incluso allí donde se ejercita la autoridad en los varios ámbitos de la Iglesia”.
El Concilio Vaticano II
“¿Qué hizo el Concilio Vaticano II? ¿Qué fue, en realidad?”. Le dirijo esta pregunta a la luz de las afirmaciones que acaba de hacer, imaginando una respuesta larga y organizada. Y, sin embargo, me da la impresión de que el Papa considerase el Concilio un hecho tan incontestable que apenas valiera la pena dedicarle mucho tiempo corroborando su importancia.
“El Vaticano II supuso una relectura del Evangelio a la luz de la cultura contemporánea. Produjo un movimiento de renovación que viene sencillamente del mismo Evangelio. Los frutos son enormes. Basta recordar la liturgia. El trabajo de reforma litúrgica hizo un servicio al pueblo, releyendo el Evangelio a partir de una situación histórica completa. Sí, hay líneas de continuidad y de discontinuidad, pero una cosa es clara: la dinámica de lectura del Evangelio actualizada para hoy, propia del Concilio, es absolutamente irreversible. Luego están algunas cuestiones concretas, como la liturgia según el Vetus Ordo. Pienso que la decisión del papa Benedicto estuvo dictada por la prudencia, procurando ayudar a algunas personas que tienen esa sensibilidad particular. Lo que considero preocupante es el peligro de ideologización, de instrumentalización del Vetus Ordo”.
Buscar y encontrar a Dios en todas las cosas
El discurso del papa Francisco se inclina hacia la apertura cuando habla de los desafíos que afrontamos hoy. Hace algunos años escribía que para ver la realidad hace falta una mirada de fe, porque si no, se contempla una realidad fragmentada, dividida. Este sería uno de los temas de la encíclica Lumen fidei. Tengo presente algunos pasajes de los discursos del papa Francisco durante la Jornada Mundial de la Juventud en Río de Janeiro. Se los cito: “Dios es real, si se manifiesta en nuestro hoy”; “Dios está en todas partes”. Son frases que hacen eco a la expresión ignaciana “buscar y encontrar a Dios en todas las cosas”.
Le pregunto al Papa: “Santidad, ¿cómo se hace para buscar y encontrar a Dios en todas las cosas?”.
“Lo que dije en Río tiene un valor temporal. Es verdad que tenemos la tentación de buscar a Dios en el pasado o en lo que creemos que puede darse en el futuro. Dios está ciertamente en el pasado porque está en las huellas que ha ido dejando. Y está también en el futuro como promesa. Pero el Dios ’concreto‘, por decirlo así, es hoy. Por eso las lamentaciones jamás nos ayudan a encontrar a Dios. Las lamentaciones que se oyen hoy sobre cómo va este mundo ’bárbaro‘ acaban generando en la Iglesia deseos de orden, entendido como pura conservación, como defensa. No: hay que encontrar a Dios en nuestro hoy”.
“Dios se manifiesta en una revelación histórica, en el tiempo. Es el tiempo el que inicia los procesos, el espacio los cristaliza. Dios se encuentra en el tiempo, en los procesos en curso. No hay que dar preferencia a los espacios de poder frente a los tiempos, a veces largos, de los procesos. Lo nuestro es poner en marcha procesos, más que ocupar espacios. Dios se manifiesta en el tiempo y está presente en los procesos de la historia. Esto nos hace preferir las acciones que generan dinámicas nuevas. Y exige paciencia y espera”.
“Encontrar a Dios en todas las cosas no es un eureka empírico. En el fondo, cuando deseamos encontrar a Dios nos gustaría constatarlo inmediatamente por medios empíricos. Pero así no se encuentra a Dios. Se le encuentra en la brisa ligera de Elías. Los sentidos capaces de percibir a Dios son los que Ignacio llama ‘sentidos espirituales’. Ignacio quiere que abramos la sensibilidad espiritual y así encontremos a Dios más allá de un contacto puramente empírico. Se necesita una actitud contemplativa: es el sentimiento del que va por el camino bueno de la comprensión y del afecto frente a las cosas y las situaciones. Señales de que estamos en ese buen camino son la paz profunda, la consolación espiritual, el amor de Dios y de todas las cosas en Dios”
Suscribirse a:
Entradas (Atom)




