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lunes, 25 de febrero de 2013




El capitalismo del ego engendra monstruos

Nadie cree ya en nada, solo en lo que cada uno quiere: de ahí se deriva la desconfianza de todos frente a todos. La ceguera del Fausto digital ha dado origen a una crisis europea que cuestiona el núcleo del sistema

 
Sobre el homo oeconomicus,la ideología neoclásica o neoliberal está todo dicho, si bien no por parte de todos. Ya el poeta favorito de Alemania, Goethe, predijo en 1832 en su drama Fausto el dominio universal del dinero… ¡Y en verso! Sin embargo, a comienzos del siglo XXI tenemos que añadir algo esencial, nuevo y original: el Fausto digital, o más exactamente: el atrevimiento y ceguera fáusticos del capitalismo del ego.
Frank Schirrmacher, coeditor delFrankfurter Allgemeine Zeitung,describe en su libro de reciente aparición, Ego, cómo la implantación de este “nuevo” egoísmo ha ido adquiriendo carácter normativo y, tras la guerra fría, ha sellado la victoria de la teoría de la elección racional hasta en los detalles más nimios del mundo de la vida; incluso en el alma digital del homo novus. Hasta el concepto sartriano de “mala fe” se queda demasiado corto, puesto que presupone la libertad de elección.
Los economistas afirman, naturalmente, lo de siempre: se trata solo de modelos. La del homo oeconomicus no es más que una hipótesis. Pero en el drama real, de desenlace abierto, en el que todos somos participantes y espectadores, víctimas y cómplices, lo que está en juego es cómo el homunculus oeconomicus —un ciborg, un androide, una figura artificial, a medio camino entre la máquina y el hombre— se ha escapado de los “laboratorios frankensteinianos de Wall Street”. Esa narración dramática también extrae su potencia de la brutal sencillez con la que se reacciona a la complejidad extrema del mundo: 1/0, sí/no, conectar/desconectar: es decir, los hombres actúan con códigos informáticos de acuerdo con las leyes de los economistas.
Nadie cree ya en nada, solo en lo que uno quiere. De ahí se deriva la desconfianza de todos frente a todos, de la que el mal se alimenta en todas partes. Aquí tenemos la paradoja: en un momento histórico en el que las instituciones del Estado de bienestar, los mercados financieros y la relación con el entorno natural sufren una crisis fundamental, surgen las “egomónadas”. Su funcionalidad no solo estriba en ocultar frente a otros las consecuencias de la propia acción. Más bien han de interpretarse como estrategias de evitación del riesgo en un mundo de riesgos globales: como una sociopatología del capitalismo del ego.
La política de ahorro con la que se responde a la crisis financiera es percibida como injusta
La crisis financiera y europea solo abre una primera perspectiva de esta ceguera del Fausto digital. Los mercados financieros no son más que los primeros mercados automatizados. Pero les seguirán otros. La comunicación social, los grandes datos, los servicios secretos, la manipulación de los consumidores, a quién se considera un terrorista, las universidades en la barahúnda reformista neoliberal, las relaciones amorosas digitalizadas, el choque de las religiones mundiales en el espacio digital, etcétera.
¿Qué tiene de novedoso el Fausto digital? En la Edad Media los alquimistas intentaban transformar en oro los metales innobles. Los actuales “alquimistas de los mercados” (Schirrmacher) transforman hipotecas tóxicas, de alto riesgo, en productos de primera clase, calificados con notas tan altas que incluso pueden ser adquiridos por los fondos de pensiones. ¿Puede uno comprar una casa sin dinero y gastar además un dinero inexistente? Sí, puede, replican los malabaristas financieros, esos neoalquimistas de bancos mundiales demasiado grandes para caer.
Ante nosotros se abre el nuevo mundo de la manipulación digital del alma. Innumerables agentes digitales, con frecuencia completamente estúpidos, están tan fascinados con sus ideas que no se dan cuenta en absoluto de cómo, a partir de los ingredientes de egoísmo, codicia y capacidad de engañar, surgen monstruos. Entre ellos, monstruos políticos. La política de ahorro con la que Europa responde en este momento a la crisis financiera desencadenada por los bancos es percibida por los ciudadanos como una monstruosa injusticia. Son ellos quienes tienen que pagar con la moneda contante de su existencia por la ligereza con la que los bancos han pulverizado sumas inimaginables. Sin embargo, quienes se dedican a entender al capital, los hermeneutas de los monstruos, han desarrollado un lenguaje curiosamente terapéutico. Los mercados son “tímidos” como cervatos, afirman. No se dejan “engañar”. Pero los verdugos económicos, denominados “agencias de calificación de riesgos”, que también rinden tributo a la religión terrenal de la maximización del beneficio, basándose en las leyes del capitalismo del ego emiten juicios que alcanzan a Estados enteros en el corazón de su ser económico: a Italia, España o Grecia.
“Cada hombre tiene que convertirse en el mánager de su propio yo(Schirrmacher). Ya ha pasado el tiempo en el que los empresarios eran empresarios y los trabajadores, trabajadores. Ahora, en el nivel del capitalismo del ego, ha surgido la nueva figura social del “empresario de sí mismo”: es decir, el empresario descarga la coerción de autoexplotación y autoopresión sobre el individuo, que tiene que aceptar con entusiasmo esta situación, porque ese es el hombre enteramente nuevo que ha nacido en el nuevo mundo feliz del trabajo. El empresario de sí mismo acaba siendo el “cubo de la basura” de los problemas irresueltos de todas las instituciones.
Y, sin embargo, la “individualización”, entendida en un sentido sociológico, es mucho más que eso, es “individualismo institucionalizado”. El proceso de individualización en este último sentido no se refiere únicamente a una ideología social, o a una forma de percepción del individuo, sino que hace referencia a instituciones centrales de la sociedad moderna, como los derechos civiles, políticos y sociales fundamentales, dirigidos todos ellos al individuo. De ahí surge una generación global, interconectada de forma transnacional, que ha de ensayar cómo volver a armonizar individualismo y moral social y cómo conjugar la libertad de arbitrio y la individualidad con una existencia orientada a los otros.
Sindicatos, partidos políticos, iglesias, se están convirtiendo en jinetes sin caballos
Muchos jóvenes ya no están dispuestos a ser soldados en la ejecución de las instrucciones jerárquicas en las organizaciones sociales, ni a renunciar a tener voz propia siendo previsibles peones de un partido. Antes al contrario, las instituciones —sindicatos, partidos políticos, iglesias— se convierten en jinetes sin caballos. La agitación anticapitalista que existe en el mundo probablemente tenga que ver con ambas cosas: el choque de la individualización de los derechos fundamentales con la mercadotecnia del yo que sigue reglas económicas transparentes.
El riesgo de colapso, cada vez más palpable, también ha despertado el sueño de una nueva Europa.
Vivimos en una época en la que ha ocurrido algo que hasta no hace mucho parecía inimaginable, esto es: que los fundamentos del capitalismo global —antes considerado racional, pero que ha terminado siendo irracional— se han hecho completamente políticos, es decir, cuestionables, e incluso políticamente modificables. Existen versiones radicalmente distintas del futuro de Occidente, donde entretanto tiene lugar casi una guerra fría civil: ¿se quiere un capitalismo regulable, que busque un equilibrio con los movimientos sociales y esté abierto a las cuestiones del clima, o se apuesta por la autorregulación del capitalismo globalizado del ego y por más intervenciones militares, de modo que se intente mantener la cohesión nacional aplicando el esquema de amigo/enemigo? Ese es el núcleo del conflicto.
Los riesgos globales son una especie de recordatorio colectivo forzoso de que el potencial de aniquilación al que nos hemos expuesto incluye nuestras decisiones y nuestros errores. Estas impregnan todos los ámbitos de la vida, pero al mismo tiempo abren nuevas oportunidades de transformación del mundo. Es la paradoja en virtud de la cual los riesgos globales dan aliento a la acción. En ello estriba la opción europea: plantear sistemáticamente la pregunta de qué alternativas hay al capitalismo digital del ego. La pregunta de cómo, mediante una Europa distinta, es posible más libertad, más seguridad social y más democracia.
Ulrich Beck es sociólogo y profesor de la London School of Economics y de la Universidad de Harvard. Su último libro publicado en España es Una Europa alemana, Paidós 2012.
Traducción de Jesús Alborés Rey.

Fuente...EL PAIS
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lunes, 18 de febrero de 2013

Posted: 18 Feb 2013 05:36 AM PST
Referencia: NewScientist.com .
por Emma Young, 14 febrero 2013 

"Cualquiera puede enfadarse, eso es fácil; pero enfadarse con la persona adecuada, en la medida correcta, en el momento oportuno, con el conveniente propósito y de la forma apropiada, eso ya no es tan fácil".

Así escribía Aristóteles, hace más de 2000 años, en su obra clásica "El arte de la Retórica". Sus palabras no cuadran muy bien con nuestro moderno concepto de la ira. Hoy día, tendemos a pensar que es una emoción destructiva que puede arruinar relaciones y derribar carreras profesionales. De hecho, el manejo de la ira es un campo lleno de teorías sobre la mejor manera de controlar o reprimir la ira excesiva. Pero la ira, parece ahora, que no es del todo mala. De hecho, haríamos bien en cultivar nuestra ira en algunas situaciones, en las relaciones personales, en la negociación de algunos negocios y dentro de los grupos de acción social, por ejemplo.

"En la medida que la ira suele ser una experiencia desagradable, se ve como una emoción negativa", dice el psicólogo Brett Ford, de la Universidad de California, Berkeley. "Pero experimentar la ira puede ayudarnos a perseguir nuestras metas, y ser más feliz y saludables a largo plazo". Para cultivar estos beneficios, la destreza, tal como entendía Aristóteles, es saber cuándo, dónde, cómo y por qué te enojas. Tenemos que aprender a utilizar nuestra ira de manera estratégica, en lugar de dejar que nos controle.

Los filósofos han reflexionado largo y tendido acerca de las causas de la ira, pero en general la reconocen como una respuesta emocional a ser provocado. Una llamada de atención de un empleado, un insulto dirigido a tu hijo, la decisión que sugiere tu jefe acerca de que tus sentimientos son irrelevantes, todas estas cosas tienden a desencadenar sentimientos de ira, y por lo general son vienen acompañadas por cambios físicos, como el aumento de la frecuencia cardíaca y los niveles de adrenalina. El cómo respondemos a estos desencadenantes, cuánta rabia sentimos y en qué medida lo expresamos, varía de una persona a otra (ver anexo 2 "La brigada de la ira"). No hay duda de que las personas que experimentan y expresan enojo con frecuencia, padecen de una rabia desinhibida. Aunque el impacto sobre su salud sea discutible, el efecto en sus relaciones está claro. "Sus hijos, esposas, jefes, familias les temen, y asustan a cualquiera", señala Mike Fisher, director de la Asociación Británica de manejo de la ira, con sede en East Grinstead. "No te creerías la cantidad de personas que hay así. No tienen amigos. Su familia les ha dejado. Todos ellos funcionan o actúan con toda una variedad de adicciones".

Desde la rabia desencadenada en las revueltas, nadie está discutiendo que la ira no pueda ser enormemente destructiva, sin embargo, la idea de que a veces también puede ser beneficiosa está ganando terreno. Un estudio de especial influencia se produjo a raíz de los ataques terroristas del 11/9 en EE.UU. Jennifer Lerner, ahora en la Universidad de Harvard, recopiló información sobre las emociones y actitudes de los casi 1000 adultos y adolescentes estadounidenses, apenas a nueve días tras dichos ataques, con estudios de seguimiento en años posteriores. Ella encontró que las personas que se sentían molestos con el terrorismo se mostraron más optimistas sobre el futuro que los que tenían miedo al terrorismo. Los hombres del estudio estaban más enojados que las mujeres, y en general, eran más optimistas. También encontró que, el enfoque de las historias de los medios de comunicación para enojar a la gente, les hacía tener menos miedo a ser heridos en un atentado terrorista y más dispuestos a apoyar una respuesta pública agresiva en lugar de conciliadora (Psychological Science, vol 14, p 144).

Una ira sana

En un estudio de laboratorio, Lerner descubrió que la gente enojada, en vez de miedo por una situación de estrés, tienen una menor respuesta biológica, en términos de presión arterial y niveles de estrés hormonal (Biological Psychiatry, vol 61, p 253). Esto demuestra, señala ella, que cuando estás en una situación desesperante, y tu ira está justificada, la emoción no es necesariamente mala para usted. Investigaciones recientes de Ford dan un paso más allá. Trabajando con Tamir Maya, de la Universidad Hebrea de Jerusalén, Israel, descubrieron que las personas tienden a sentirse enojadas en vez de felices, cuando se confrontan otros casos de mayor bienestar general (Emotion, vol 12, p 685). La naturaleza irascible también puntuó más alto en inteligencia emocional, que puede parecer contrario a la intuición, sin embargo, es coherente con la idea de sentirse enojado, aunque desagradable, puede tener sus usos.

La investigación de Lerner del 11/9, también pone de relieve la importancia de la ira que provocó la acción colectiva contra una amenaza común, una idea que está siendo explorada por Andrew Livingstone, de la Universidad de Stirling, Reino Unido. Su equipo estudió a grupos de personas con algo en común (p. ej., procedentes de Gales del Sur) y grupos al azar, y midió las reacciones emocionales de los participantes a factores desencadenantes, como la sugerencia de que iba a ser retirado el apoyo gubernamental a lugares de patrimonio en el sur de Gales. Ellos encontraron que la ira, más que cualquier otra emoción, ayudaba a unir a las personas con una convicción compartida, y les planteó que pasaran a la acción.

"Por su naturaleza, la ira tiende a ser una emoción muy energizante", dice Ford. Su trabajo sugiere que el sentirse enojadas hace que las personas busquen recompensas (Psychological Science, vol 21, p 1098). Si el deseo de recompensa promueve la mejora las condiciones de trabajo, por ejemplo, o cambios sociales más amplios, la ira puede jugar un papel muy importante para ayudar a alcanzar estos objetivos. "Mahatma Gandhi y su resistencia pasiva, es un bello ejemplo de la ira controlada", afirma Fisher. "Se ha visto con Nelson Mandela, con Malcolm X, estas son enormes figuras de nuestra historia que se destacan como líderes increíbles, que han canalizado su ira y han transformado naciones. Sin embargo, esta canalización de su ira se ha dirigido a curar en lugar de hacer daño."

La ira es de vital importancia para la movilización que apoya a un movimiento social, señala Nicole Tausch, de la Universidad de St. Andrews, Reino Unido. Cuando examinaron las protestas estudiantiles contra los costes de matrícula en Alemania, la respuesta de los musulmanes indios a la desigualdad en la India, o cómo los musulmanes británicos reaccionaron ante la "guerra contra el terrorismo" del gobierno británico, Tausch y sus colegas hallaron que la ira jugaba un papel positivo. En particular, la gente estaba motivada a realizar manifestaciones pacíficas esperando persuadir a su adversario para rectificar las injusticias sociales ((Journal of Personality and Social Psychology, vol 101, p 129). En contextos políticos, la ira puede ser la señal de que las personas todavía se sienten conectadas y representadas por un sistema político, "las expresiones de enojo, como en las protestas, podrían no ser vistas como una amenaza para el sistema, sino como signos de una democracia saludable".

Si la ira puede servir a una causa superior, también puede ser aprovechada para nuestros fines personales. Hay muchas pruebas de que la ira puede ser beneficiosa en un contexto profesional, siempre y cuando se tenga cuidado de cómo se expresa y ante quién.

La explosión de ira puede pagar dividendos en el lugar de trabajo, si los gerentes posteriormente abordan los problemas de fondo, en lugar de simplemente castigar a las personas agraviadas (Human Relations, vol 64, p 201). Algunos gerentes con visión de futuro, incluso quieren fomentar la ira, al menos en determinados momentos, parece que las personas que se sienten enojadas producen una lluvia de ideas de forma más estructurada, coherente además con una resolución creativa de problemas (Journal of Experimental Social Psychology, vol 47, p 1107).

La ira profesional

También hay pruebas de que los líderes políticos y empresariales que se enojan más que sentir tristeza, en respuesta a un escándalo se les concede un estatus más alto (Revista de Personalidad y Psicología Social, vol 80, p 86), siempre y cuando sea hombre, es así. Tanto los hombres como las mujeres confieren un menor estatus a las mujeres profesionales montadas en cólera que a sus homólogos profesionales masculinos, ya sea la mujer un CEO o una aprendiz. Las reacciones emocionales de una mujer se atribuyen generalmente a su carácter ("ella es una persona enojada") mientras que en los hombres se percibe como una mera reacción a las circunstancias externas. La secretaria de Estado de EE.UU., Hillary Clinton, es una mujer política que ha sufrido críticas por ser "demasiado iracunda", reseña Victoria Brescoll, de la Universidad de Yale (Psychological Science, vol 19, p 268).

Diversos estudios han descubierto que los negociadores enojados pueden obtener un mejor resultado en su haber. Pero en 2010, Hajo Adán, de INSEAD, una escuela de negocios en Francia, halló una importante excepción. Su investigación se inspiró, en parte, al observar cómo sus colegas en INSEAD (que cuenta con campus en todo el mundo) reaccionaban de manera distinta a los arrebatos de ira, y cómo los enviados comerciales de Japón respondió negativamente al ex presidente de EE.UU. Bill Clinton tomó una postura enojada en las negociaciones a principios de 1990. En los estudios en laboratorio con estudiantes voluntarios de la Universidad de California, Berkeley, el equipo de Adán descubrió que los estadounidenses de ascendencia europea hacían más concesiones a un rival enfadado que a uno no-emocional, en tanto que los asiáticos y asiático-americanos hacían menos concesiones (Psychological Science, vol 21, p 882). Adán piensa que esto refleja las normas culturales acerca de cuándo es o no apropiado enojarse.

Advertencias aparte, la ira, usada juiciosamente, tiene todo tipo de beneficios tanto en el ámbito laboral como en la más amplia esfera social. Sin embargo, ¿qué ocurre con la vida familiar? Sin duda, cuando se trata de tus seres queridos, ¿es siempre mejor mantener la calma y evitar un altercado?

No, dice Ernest Harburg, profesor emérito de la Universidad de Maryland, en la Escuela de Salud Pública en Washington DC. Él cree que una pelea con tu pareja en realidad podría ser saludable. Su equipo ha encontrado que, las personas que suelen reprimir su ira en disputas con su compañero/a mueren antes que aquellos que permiten su ira y resuelven conflictos. Y últimamente, en los resultados aún no publicados de un estudio que abarca más de tres décadas, las parejas donde ambos expresan su enojo tienen una vida significativamente más larga. Harburg cree que la represión de la ira aumenta la presión arterial y, a largo plazo, esto afecta la vida útil. "La idea de inhibir la ira todo el tiempo, lo cual es promovido por las religiones y los pacifistas, no da lugar a un pensamiento saludable."

Fisher advierte que al enojarse en una relación, hay que ser respetuoso. "Es tan simple como decir: Me siento mal y enojado, necesito que me escuches y me tomes seriamente, que te ocupes de mi y me hagas caso". Eso, admite, no es lo que la gente suele decir.

Como ya reconoció Aristóteles, el control de la ira no es nada fácil. Pero hasta eso no es suficiente. También tenemos que aprender a responder adecuadamente a la ira de los demás. Si se le impulsa a más ira, o incluso simplemente se le ignora, las consecuencias pueden ser graves. Todo el mundo tiene una experiencia personal de esto, y si esto se da en un contexto político, los resultados pueden ser desastrosos. Tausch y su equipo, han encontrado que si el objetivo de la ira expresada por un grupo político no responde a los cambios, el grupo puede llegar a ser desdeñar el objetivo (quizás al gobierno), y dedicarse a lo que se llama "fuera de sistema" de la acción política, es decir, la violencia o el apoyo al terrorismo.

Razón de más, entonces, para "enfadarse con la persona adecuada, en la medida correcta, en el momento oportuno, con el conveniente propósito y de la forma apropiada". Y razón de más para prestar atención a la ira, en lugar de ignorarla. La ira no debe ser vista como una forma destructiva del comportamiento, subraya Tausch, sino más bien como una forma de fomentar los comportamientos para que sean positivos y constructivos para las relaciones sociales.


Anexo 1. La fisiología de la furia
El estallido de ira tiene efectos poderosos en el cuerpo humano
  •     Los ojos se fijan
  •     La cara enrojece
  •     Se aprieta la mandíbula
  •     La voz se vuelve estridente (mujeres)
  •     La voz se profundiza (hombres)
  •     El corazón late fuerte
  •     Nerviosismo en el estómago o náuseas
  •     Las extremidades tiemblan
  •     La adrenalina se dispara
  •     Incremento del flujo de sangre en las manos
  •     Respiración más fuerte
  •     Aumenta la sudoración
  •     Elevación del torso
  •     Se abren los orificios nasales

Anexo 2. La brigada de la ira

El mismo rol social puede hacer a una persona ansiosa, a otra irritada y a una tercera tan enojada que reaccione con los puños. Nadie está muy seguro de por qué algunas personas tienen miedo cuando se les provoca y otros se enojan, pero lo cierto es que hay gente que tiende a enojarse más que otros.

Para empezar, los hombres se enojan más que las mujeres. Y dentro de cada sexo, los hombres físicamente fuertes son más iracundos que los débiles, y las mujeres hermosas suelen enojarse más que las mujeres menos atractivas, de hecho, la diferencia está en un 20 por ciento de variación en la ira masculina, según Aaron Sell, de la Griffith University, Queensland, Australia (Human Nature, vol 23, p 30). "La teoría es que la fuerza y ​​el atractivo conduce individualmente a hombres y mujeres a sentirse con más derecho". En nuestro pasado evolutivo, tales atributos les habría dado una ventaja en la competencia con los demás. "Si el mundo no les da estos beneficios, son más propensos a volverse furiosos como consecuencia de ello", señaló Sell.

Siguiendo una lógica similar, algunos investigadores creen que una alta autoestima crea a gente más enojada. Sin embargo, Mike Fisher, director de la Asociación Británica de Control de la Ira, cree que lo contrario también es cierto. Su experiencia le ha convencido de que las personas con baja autoestima (que puede incluir a alumnos de alto rendimiento) sufren más de estrés, lo que alimenta su ira. La gente se enoja más en momentos de estrés como ahora, cuando gran parte del mundo desarrollado se preocupa por la economía, argumenta Fisher.

La susceptibilidad al estrés también podría explicar el por qué de un alto nerviosismo, Las personas Tipo A, se cree que se enojan más que el más relajado Tipo B. La fisiología, a veces, podría ser responsable: hay un vínculo entre un pobre control de la glucemia y el estado de ánimo alterado, incluso enfadado (Diabetes Technology & Therapeutics, vol 14, p 303). La ira incluso se ha relacionado con un gen, el MAO-A, conocido como el gen "guerrero". Sin embargo, mientras que las personas con este gen tienden a ser más agresivos, esto no significa necesariamente que sea porque se sienten más enojados.

Y nadie sabe realmente lo que hay detrás de un trastorno explosivo intermitente, dice Ronald Kessler, de la Harvard Medical School. Es una enfermedad psicológica caracterizada por erupciones de ira incontrolable, que generalmente se desarrolla en la infancia tardía. En 2012, el equipo de Kessler informó que alrededor de 1 de cada 12 adolescentes y adultos estadounidenses lo padecen, una tasa mucho más alta de lo que nadie habría sospechado (Archives of General Psychiatry, vol 69, p 1131).

Cualesquiera que sean las causas, no existe una "cura" para la ira excesiva. Una persona que se siente con frecuencia inapropiadamente enojada, por lo general, debería siempre trabajar en su gestión, señala Fisher. Como él mismo lo sufre, sabe lo difícil que puede ser. Pero hay un rayo de esperanza. Como regla general, tendemos a estar menos enojados, o por lo menos menos agresivos, a medida que envejecemos.

Anexo 3. Hacer unos tests

¿Controlas tu ira, o la ira te controla a ti? La Asociación Británica de Control de la ira tiene un test en línea que le dirá dónde se sitúa.

Mike Fisher, director de la Asociación Británica de Control de la ira, es también el fundador de Stress Experts, un test de estrés de la compañía en línea puede dar una guía de lo bien que está hacer frente a las pruebas de la vida.


Artículo original: "Do get mad: The upside of anger", apareció en prensa como "Do get mad".
Imagen: La ira.

Fuente..Pedro Donaire, BITNAVEGANTES
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domingo, 19 de agosto de 2012



Desde cualquiera perspectiva que no sea política, Rusia y Venezuela no tienen nada en común. Pero desde la política tienen algo que las une: las dos naciones son gobernadas por autocracias electoralistas; un nuevo tipo de dominación que ha hecho escuela en el primer decenio del siglo XXl. De ahí que no deba extrañar que en ambas ocurran acontecimientos similares, y en el caso del cual nos ocupamos, paralelos. En efecto, los dos autócratas, Putin y Chávez, se encuentran enfrentando movimientos sociales caracterizados por un mismo signo: El de la desobediencia civil.
Cabe precisar: Desobediencia civil significa, aunque parezca redundancia, la realización de actos que no contravienen a la ley, sino que simplemente surgen frente a una mala o injusta aplicación de la ley. Eso es lo que ocurrió en Rusia con la protesta del grupo “punk”, Pussy Riot.
Como es ampliamente conocido, las integrantes del grupo Pussy Riot, María Aliójina, María Yaketerina Samukevich y Nadia Tolokónnikova, han sido condenadas a dos años de prisión por el “delito” de haber cantado en contra de Putin en la Catedral del Cristo Redentor de Moscú. Frente a tan arbitraria medida se ha pronunciado la gran mayoría de los intelectuales, artistas, políticos y gobiernos civilizados del mundo.
Efectivamente, ninguna de las tres niñas cometió, desde el punto de vista religioso, legal y político, nada que contravenga a la ley, a la moral, a las creencias y a las costumbres de su nación
Desde el punto de vista legal ellas hicieron uso del derecho a la libertad de expresión garantizada por la Carta de las Naciones Unidas y subscrita por el propio gobierno de Rusia. Desde el político, realizaron una manifestación pública en un lugar público (una iglesia). Y desde el religioso, han pedido a Dios, en su post-moderno estilo (Dios no sólo es barroco) que las libere de lo que ellas consideran –y con buenas razones- de un “mal”: Putin
Putin, sin vacilar, las envió a prisión. Los objetivos del autócrata son, en este punto, muy claros. Se trata de aplastar, en estilo zarista y estalinista, cualquiera oposición. Pero hay algo más. A través de la injusta condena, Putin, a diferencia de Stalin quien persiguió a la Iglesia, intenta aparecer como protector de la religión ortodoxa. Con ello está diciendo a los fieles: “ustedes a rezar, yo a gobernar”. Gran parte de la ortodoxia, acobardada después de tantas persecuciones, acata el dictado de Putin. No así el mundo político civilizado en el cual el mismo Putin quisiera ser aceptado. De ahí se explica que las chicas de Pussy Riot reciban más apoyo en el exterior que en el interior de Rusia.
En Venezuela, aliado “estratégico” de Rusia, se ha producido algo similar, pero en sentido inverso. El CNE, organismo destinado a velar por la ecuanimidad de la contienda electoral, intentó prohibir al candidato Henrique Capriles el uso de una gorra con los colores patrios; hecho que habría sido lógico en cualquier país del mundo, menos en la Venezuela de Hugo Chávez.
Porque si hay alguien que ha abusado de los símbolos nacionales ese es Chávez. No sólo porque se embute en la bandera venezolana. No sólo porque ha cambiado el escudo nacional, torciendo el pescuezo al caballo de la nación. No sólo porque ha manoseado el cadáver del Gran Libertador. No sólo porque considera a Bolívar un profeta de Chávez. No sólo porque ha mutilado el rostro del héroe a “su imagen y semejanza”. No sólo porque ha regalado la espada de Bolívar a cuanto criminal anda suelto por el mundo. No sólo porque no considera ciudadanos a quienes no lo siguen (“Quien no es chavista no es venezolano”)
Fueron esas y otras más las razones por las cuales la mayoría del pueblo democrático sintió la prohibición de usar la gorra tricolor como una radical injusticia. De ahí que en lugar de acatar la orden del oficialismo, los seguidores de Capriles han hecho uso del derecho a la desobediencia. La gorra ha llegado a ser así, símbolo de las marchas y concentraciones de Capriles.
La desobediencia civil venezolana se dirige, para ser más preciso, en contra de tres grandes injusticias. La primera, en contra del grosero ventajismo electoral de un presidente que cuenta con todo el aparato comunicacional del Estado. La segunda, en contra de la abierta parcialidad del organismo electoral. La tercera –la más importante- en contra de la apropiación indebida de los símbolos patrios que ha hecho suya el chavismo.
La política, lo sabemos todos, supone la lucha por la apropiación de símbolos. De ahí que Chávez, a través de una orden injusta, convirtiera los colores de la bandera en un símbolo de la desobediencia civil. En cambio, el color de Chávez seguirá siendo el rojo: el mismo de tantas revoluciones traicionadas.
La canción de Pussy Riot y los colores de la gorra de Capriles son símbolos de la desobediencia civil de nuestro tiempo. Así sucedió una vez con la melena de Ángela Davis, con el signo inconfundible del nombre Solidarnosc en Polonia, con los pañuelos de las Madres de la Plaza de Mayo, con los vestidos blancos de las damas que hoy protestan en las calles de La Habana. Y con tantos, con tantos otros más. 
Fuente: POLIS- Politica y Cultura
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jueves, 26 de julio de 2012






Cuando los banqueros son "banksters"
 
Análisis de Julio Godoy

Fuente:  


'Other news' es una iniciativa personal, que tiene el fin de proporcionar material que tendria que estar en los medios, y no esta por los criterios comerciales de la informacion. Esta abierta a recibir contribuciones de todos. Su area de trabajo es informar sobre temas globales, relaciones norte-sur, y gobernabilidad de la globalizacion. Roberto Savio 

PARÍS, 25 jul (IPS) - Medios de comunicación, dirigentes políticos y ciudadanos europeos arremeten contra los banqueros, acusándolos, en el mejor de los casos, de ser cómplices de innumerables operaciones ilegales y, en el peor, de ser directamente delincuentes.

El mejor ejemplo de esta ola de indignación es el uso de la palabra "bankster", combinación de "banker" (banquero, en inglés) y gánster, incluso utilizada por los medios de países no anglosajones.

El término, acuñado durante la crisis económica mundial conocida como la Gran Depresión de los años 20 y 30, resurgió en los medios británicos en 2009, y apareció ahora en la primera plana del periódico francés Libération.

En un breve documento sobre política bancaria divulgado el 21 de este mes, el presidente del opositor Partido Socialdemócrata (SPD) de Alemania, Sigmar Gabriel, acusó a los banqueros de "chantajear a gobiernos y estados con la amenaza de una bancarrota con efecto dominó", de "complicidad con actividades delictivas", como la evasión impositiva y el lavado de dinero, y de "perjudicar a sus propios clientes".

Aun los analistas que atribuyen intenciones populistas a las críticas de Gabriel coincidieron en que los directivos de las grandes corporaciones financieras privadas causaron grandes perjuicios a su negocio y a sus clientes.

La lista de quejas es larga. En Estados Unidos se acusa al banco HSBC de lavar dinero de narcotraficantes latinoamericanos y de organizaciones islámicas presuntamente involucradas en actividades terroristas.

En un comunicado del 17 de este mes, el HSBC asume su responsabilidad: "Hubo ocasiones en que el banco no pudo cumplir con los estándares que esperan los reguladores y los clientes. Reconocemos estos errores, respondemos por nuestras acciones y nos comprometemos a solucionar lo que no funcionó bien".

El llamado escándalo LIBOR (acrónimo en inglés de tasa interbancaria ofrecida de Londres) puso al descubierto la connivencia de numerosas instituciones internacionales, entre las que están Barclays, Citigroup, JPMorgan Chase, UBS, el Deutsche Bank y, otra vez, el HSBC, para falsificar información sobre las tasas de interés interbancarias con el fin de que los bancos centrales hicieran lo propio con las suyas.

La tasa LIBOR es una referencia para el mercado monetario, fijada por la Asociación de Banqueros Británicos.

El escándalo hizo que reguladores británicos y estadounidenses impusieran a Barclays una multa sin precedentes de 450 millones de dólares, y llevó al retiro forzado de su director ejecutivo, Bob Diamond.

Además, las instituciones financieras se vieron envueltas en una gran confabulación de evasión fiscal.

La independiente Red de Justicia Fiscal, que investiga la evasión impositiva internacional y el papel de los bancos en los paraísos fiscales, estima que unos 11,5 billones de dólares de activos están guardados en bóvedas de seguridad, lo que hace que los estados se pierdan de recaudar unos 250.000 millones de dólares al año.

Por su parte, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE)subraya: "la evasión y el fraude fiscal ponen en riesgo los ingresos de los estados", y recuerda que el Senado de Estados Unidos estima que se pierden 100.000 millones de dólares al año por la evasión fiscal cometida por personas y empresas en ese país.

"En muchas naciones, los montos ascienden a miles de millones de euros", remarca la OCDE. "Eso significa menos recursos para infraestructura y servicios, como educación y salud, y perjudica los estándares de vida en economías desarrolladas y en desarrollo", añade.

Los activos se encuentran en paraísos fiscales, como los territorios británicos de Isla de Man, Guernsey y Gibraltar, y en las Islas Caimán y similares, aunque también en instituciones financieras que operan en ciudades como Londres y Nueva York, y en países como Suiza, Singapur y Mónaco.

Los delitos financieros ocurren cuando los países del Norte industrializado atraviesan una grave crisis de deuda soberana que ha dejado a muchos de ellos en la bancarrota.

El problema se originó, o por lo menos se agravó, con la crisis financiera que se gestó en 2007, precisamente porque los bancos quedaron al borde de la quiebra y debieron ser rescatados por los estados para evitar la caída del sistema financiero.

Pero la ayuda no hizo más que echar a andar una crisis financiera cíclica, y ahora bancos españoles, griegos y chipriotas reclaman asistencia de los gobiernos nacionales que sacrifican a sus ciudadanos recortando el gasto en servicios públicos básicos como educación, salud e infraestructura.

Todo esto se hace para que los mercados financieros internacionales sigan operando casi sin regulación, mientras los "banksters" se asignan salarios principescos y bonos cuantiosos.

El 18 de este mes, Libération reveló que, en 2011, solo cuatro grandes bancos franceses pagaron a sus directivos 1.100 millones de euros (más de 1.300 millones de dólares) en bonos.

La situación hizo que algunos dirigentes políticos reclamaran nuevas regulaciones y controles para los mercados financieros.

El ministro de Economía de Francia, Pierre Moscovici, lanzó una reforma del sector que apunta a separar a los bancos comerciales de las instituciones financieras y a limitar los salarios de los directivos.

Gabriel, del SPD, reclamó un tope de salarios y de bonos y la responsabilidad personal de presidentes, directores generales y gerentes de bancos cuando las pérdidas son causadas por transacciones especulativas de alto riesgo.

Medidas similares fueron propuestas por la Comisión Independiente para la Banca (ICB, por sus siglas en inglés), creada en 2010 para reformar el sector y promover la competencia y la estabilidad financiera.

Pero las ideas no fueron del todo consideradas por el nuevo plan del gobierno para reestructurar el mercado financiero, anunciado a principios de este mes, que, de todas maneras, no se implementará hasta 2019.

De hecho, la mayoría de las medidas discutidas en Alemania, Francia y Gran Bretaña están incluidas en el acuerdo de Basilea III, último pacto normativo internacional para reforzar y regular la estabilidad y solvencia del sector financiero.

La nueva normativa del Comité de Supervisión Bancaria de Basilea, todavía en discusión, será aplicada paso a paso a partir de 2013 con vistas a su total implementación en 2019.

Economistas independientes sostienen que la demora en fijar nuevos controles a un sector obviamente corrupto prueba la falta de voluntad política de los gobiernos de llegar a la raíz del problema.

Según el economista francés Paul Jorion, "tras cinco años de la peor crisis financiera de la historia, todos los intentos para regular los bancos y los fondos son letra muerta".

En cambio, "la Unión Europea y los gobiernos siguen desreglando y dejando a sus propios ciudadanos en la miseria total". (FIN/2012)



 
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domingo, 22 de julio de 2012


EL OBSERVADOR GLOBAL

¿A usted quién lo maltrata más?

Las empresas gastan fortunas en crear marañas de incentivos y obstáculos para limitar la libertad del consumidor




¿Por quién se siente usted más maltratado? 
¿Por su proveedor de telefonía? ¿Por su banco? ¿Las líneas aéreas? Las relaciones entre las empresas y sus clientes están cargadas de conflictos de interés cubiertos por una capa de hipocresía, publicidad y mercadeo. 
Al fin y al cabo, las empresas quieren extraer la máxima cantidad de dinero de sus clientes y estos quieren pagar lo menos posible. Crear lealtad a la marca es la principal motivación que impulsa a las empresas a tratar bien a sus consumidores. Nada nuevo. No obstante, las empresas insisten en persuadirnos de que son nuestros amables aliados y que sus decisiones de precios, calidad y servicios también están guiados por la ética. 
A esta idea últimamente no le ha ido muy bien. El Barclays Bank, por ejemplo, pagó una multa de 452 millones de dólares por haber manipulado las tasas de interés interbancarias (la tasa Libor, a la que ahora algunos cínicos llaman, en inglés, Lie-More: miente-más). “¡No somos los únicos!”, clamó el jefe de Barclays antes de dimitir. Su colega de JP Morgan, Jamie Dimon, insiste en que los bancos no necesitan más regulaciones, ya que sus valores éticos, sus mecanismos de autocontrol y la competencia garantizan que sus decisiones estén alineadas con los intereses de la sociedad. 
Pero Dimon se ha visto sorprendido por pérdidas escondidas en su banco de 2.000 millones de dólares (o 5.000. O más. Aún no se sabe). Dimon dijo estar indignado por la deshonestidad de los banqueros de JP Morgan (pequeño detalle: son sus empleados). Rajat Gupta, el exjefe de la prestigiosa empresa consultora McKinsey&Co (“somos una organización guiada por valores”) acaba de ser condenado en Nueva York por haberle filtrado a su cómplice valiosa información secreta sobre Goldman Sachs, empresa en cuyo directorio Gupta participaba.
HSBC, otro banco, también se disculpa: en 2007 y 2008 su subsidiaria en México envió a EE UU 7.000 millones de dólares presuntamente depositados por los carteles de la droga. Y hablando de México: según la OCDE (organismo formado por los países más ricos del mundo) los excesivos precios que cobra AmericaMovil, la empresa de telefonía de Carlos Slim, le cuestan a los consumidores de ese país 26.000 millones de dólares cada año. Pero pagar más por hacer una llamada telefónica no es tan peligroso como tomar una medicina que, en vez de curar, mata. La empresa farmacéutica GlaxoSmithKline (GSK) acaba de ser multada con 3.000 millones de dólares por promover medicamentos que hacen daño, o incluso pueden causar la muerte. El monto de la multa es muy alto, pero no tanto como los 8.200 millones de ganancias que la empresa tuvo en 2011.
¿Qué está pasando? ¿Han aumentado las conductas empresariales abusivas o solo estamos mejor informados? Ambas cosas. 
Lo cierto es que el viejo principio del caveat emptor, que en latín significa que es el comprador quien debe tomar las precauciones porque el riesgo es suyo y no de quien le vende, es más válido que nunca.
La enorme complejidad del comercio moderno pone a los consumidores en desventaja. Las empresas gastan fortunas en crear marañas de incentivos y obstáculos que limitan la libertad del consumidor para no seguir comprándoles o cambiarse a otra empresa. Modificar un pasaje aéreo o un contrato de servicio de telefonía móvil es una odisea que pocos logran remontar sin incurrir en costos adicionales —y a veces sustanciales. Todos nos hemos visto sorprendidos —y espantados— por facturas telefónicas acumuladas sin darnos cuenta, o por no haber leído con atención —y con un microscopio— el contrato firmado con el proveedor de servicios. Cada vez más los gurús de la estrategia empresarial explican que una empresa exitosa es aquella que logra “fidelizar” a sus clientes hasta el punto de que más que compradores se vuelven suscriptores. Lograr que un usuario acepte entrar en un vínculo comercial permanente donde se renueva regularmente —y automáticamente— la relación de compra\-venta equivale a alcanzar el nirvana empresarial. Mientras que las suscripciones antes se limitaban a servicios como la televisión por cable o productos tales como revistas, ahora la estrategia se aplica a coches, ropa, alimentos, etcétera.
Pero para los consumidores también han aparecido ventajas y posibilidades que antes no teníamos. La hiper-competencia entre empresas rivales ayuda a contener los abusos que solo son sostenibles cuando estas se cartelizan y coordinan sus precios y políticas. De esto aún hay mucho (¿hablamos de las maquinillas de afeitar?), pero también es cierto que en muchos sectores hay más competencia, y que las viejas empresas dominantes están cada vez más amenazadas por nuevos rivales. Y otra buena noticia es que hoy los compradores tenemos acceso a más información que nunca sobre lo que compramos y sobre quién nos vende. Barclays y GlaxoSmithKline lo acaban de descubrir.
Fuente:  Sígame en twitter: @moisesnaim
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Cover Image: June 2012 Scientific American MagazineSee Inside

Evolution Explains Why Politics Is So Tribal



Morality binds us together into cohesive groups but blinds us to the ideas and motives of those in other groups
Home » Scientific American Magazine » June 2012Skeptic | Evolution

evolution, politics, science of righteousness,michael shermerImage: Illustration by Brian Cairns



Which of these two narratives most closely matches your political perspective?
Once upon a time people lived in societies that were unequal and oppressive, where the rich got richer and the poor got exploited. Chattel slavery, child labor, economic inequality, racism, sexism and discriminations of all types abounded until the liberal tradition of fairness, justice, care and equality brought about a free and fair society. And now conservatives want to turn back the clock in the name of greed and God.
Once upon a time people lived in societies that embraced values and tradition, where people took personal responsibility, worked hard, enjoyed the fruits of their labor and through charity helped those in need. Marriage, family, faith, honor, loyalty, sanctity, and respect for authority and the rule of law brought about a free and fair society. But then liberals came along and destroyed everything in the name of “progress” and utopian social engineering.
Although we may quibble over the details, political science research shows that the great majority of people fall on a left-right spectrum with these two grand narratives as bookends. And the story we tell about ourselves reflects the ancient tradition of “once upon a time things were bad, and now they’re good thanks to our party” or “once upon a time things were good, but now they’re bad thanks to the other party.” So consistent are we in our beliefs that if you hew to the first narrative, I predict you read the New York Times, listen to progressive talk radio, watch CNN, are pro-choice and anti-gun, adhere to separation of church and state, are in favor of universal health care, and vote for measures to redistribute wealth and tax the rich. If you lean toward the second narrative, I predict you read the Wall Street Journal, listen to conservative talk radio, watch Fox News, are pro-life and anti–gun control, believe America is a Christian nation that should not ban religious expressions in the public sphere, are against universal health care, and vote against measures to redistribute wealth and tax the rich.
Why are we so predictable and tribal in our politics? In his remarkably enlightening book, The Righteous Mind: Why Good People Are Divided by Politics and Religion(Pantheon, 2012), University of Virginia psychologist Jonathan Haidt argues that to both liberals and conservatives, members of the other party are not just wrong; they are righteously wrong—morally suspect and even dangerous. “Our righteous minds made it possible for human beings,” Haidt argues, “to produce large cooperative groups, tribes, and nations without the glue of kinship. But at the same time, our righteous minds guarantee that our cooperative groups will always be cursed by moralistic strife.” Thus, he shows, morality binds us together into cohesive groups but blinds us to the ideas and motives of those in other groups.
The evolutionary Rubicon that our species crossed hundreds of thousands of years ago that led to the moral hive mind was a result of “shared intentionality,” which is “the ability to share mental representations of tasks that two or more of [our ancestors] were pursuing together. For example, while foraging, one person pulls down a branch while the other plucks the fruit, and they both share the meal.” Chimps tend not to display this behavior, Haidt says, but “when early humans began to share intentions, their ability to hunt, gather, raise children, and raid their neighbors increased exponentially. Everyone on the team now had a mental representation of the task, knew that his or her partners shared the same representation, knew when a partner had acted in a way that impeded success or that hogged the spoils, and reacted negatively to such violations.” Examples of modern political violations include Democrat John Kerry being accused of being a “flip-flopper” for changing his mind and Republican Mitt Romney declaring himself “severely conservative” when it was suggested he was wishy-washy in his party affiliation.

Our dual moral nature leads Haidt to conclude that we need both liberals and conservatives in competition to reach a livable middle ground. As philosopher John Stuart Mill noted a century and a half ago: “A party of order or stability, and a party of progress or reform, are both necessary elements of a healthy state of political life.”
This article was published in print as "The Science of Righteousness."


ABOUT THE AUTHOR(S)

Michael Shermer is publisher of Skeptic magazine (www.skeptic.com). His new book is The Believing Brain. Follow him on Twitter @michaelshermer


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