lunes, 6 de febrero de 2012

Llegaremos a la Tercera Guerra Mundial .????

Desde hace mas o menos unos dos años se viene hablando,pero de esta vez con mas intensidad y aparentemente con mas seguridad que ha de ocurrir de una confontacion armada entre Iran e Israel o viceversa. El tema se las trae porque no es una confrontacion mas de las que estamos acostumbrados a conocer .

Por muchas razones objetivas y subjetivas se afirma en medios de personas que dicen estr enterada del tema, de esta vez no seria una confrontacion entre dos ejercitos,sino de una confrontacion con el uso de energia atomica. Desde Cernobyl y mas recientemente Fukujima hemos conocido que amen de la destruccion in situ, la utilizacion de la energia atomica tiene repercusiones globales.
Asi una eventual guerra entre dos paises ,aunque no son potencias segun los parametros militares ortodoxos puede acarrear una hecatombe atomica o expresado de manera mas cruda la destruccion de los habitantes de este planeta.

Cuando ni siquiera la ONU conoce cuantas cabezas nucleares producto de la pasada tension de la Guerra Fria hay en bodegas en distintos paises ,nada, absolutamente nada puede dar fe de que lo que comience como un intercambio inamistoso entre dos paises no termine en la tercera Guerra Mundial y por ende en la ultima.

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REPORTAJE: TENSIÓN EN ORIENTE PRÓXIMO

Israel bien podría hacerlo

¿Estallará la guerra este año? Netanyahu tiene listos los planes para atacar las instalaciones nucleares de los ayatolás en primavera. Entretanto, el Mosad prosigue su lucha secreta en Irán

JAVIER VALENZUELA 05/02/2012
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A gente como Bibi Netanyahu, Moshe Yaalon y Ehud Barak hay que tomarla en serio cuando dice que va a por alguien. Tienen el gatillo fácil si piensan que la existencia misma de Israel está en peligro. Lo que, a pesar de que ese Estado tenga uno de los mejores ejércitos y uno de los mejores servicios de espionaje del mundo, y también unas cuantas bombas nucleares, ocurre con frecuencia. Ahora el trío dirigente del Gobierno israelí da a entender que atacará Irán en algún momento de los próximos meses para frenar el programa nuclear de los ayatolás, y, le guste o no, el resto del mundo debe incluir eso en sus previsiones para este nuevo annus horribilis. Israel bien podría hacerlo; otra cosa es que ya haya decidido hacerlo.
    Irán

    Irán

    A FONDO

    Capital:
    Teherán.
    Gobierno:
    República Teocrática.
    Población:
    65,875,224 (est. 2008)
    Israel

    Israel

    A FONDO

    Capital:
    Tel Aviv.
    Gobierno:
    Democracia Parlamentaria.
    Población:
    7,112,359 (est. 2008)

La noticia en otros webs

Obama y los europeos aún le ofrecen a Teherán una vía de escape. Pero sus líderes tienen la cabeza muy dura
El espionaje israelí, a veces disfrazado de CIA, ha reclutado como sicarios a opositores extremistas iraníes
Esta guerra -la próxima guerra, como se la conoce en medios políticos, militares y periodísticos- ha comenzado de hecho. Israel la libra en dos terrenos en los que sobresale: la propaganda y el espionaje. A rastras, Estados Unidos y la Unión Europea acaban de alistarse al decidir bloquear los negocios con el banco central de Irán y no comprar un solo barril de petróleo persa.
¿Iniciará Israel las hostilidades militares en la primavera o verano próximos? No es descartable por mucho que Obama intente impedirlo. Es incluso muy probable.
El de la próxima guerra no es un juego para almas cándidas. ¿Cuáles son los hechos y cuáles los bulos? ¿Quién va de farol y quién tiene una buena mano? ¿Es esto o aquello un globo sonda? Como en una novela de John Le Carré, verdades, mentiras y todo lo que hay en medio se suceden, se enredan, se reflejan, se hacen eco, y así van deformándose y haciéndose inextricables.
Lo seguro es que los gobernantes israelíes piensan que el programa nuclear iraní supone una "amenaza existencial" para su país. Lo seguro es que la ansiedad crece en buena parte de sus compatriotas. La República Islámica de Irán, que jamás ha reconocido la existencia del Estado judío, y muy en particular su actual presidente, Ahmadineyad, que repetidamente ha clamado por su destrucción, no son nada tranquilizadores.
También es seguro que Tsahal tiene listos los planes para un bombardeo aéreo de instalaciones iraníes. Y que, entretanto, el Mosad zancadillea ese programa nuclear con todos los medios a su alcance.
Con sabotaje de centros industriales, asesinatos de científicos y uso del virus informático Stuxnet, la fase secreta de la guerra contra Irán comenzó la pasada década, después de que los servicios de inteligencia de Estados Unidos e Israel llegaran a la conclusión de que Irán tenía una planta de enriquecimiento de uranio en Natanz, a unos 250 kilómetros al sur de Teherán. Ni unos ni otros creyeron al régimen de los ayatolás cuando dijo que solo estaba interesado en el uso civil de la energía nuclear.
Era una desconfianza sensata. El Irán jomeinista tiene un montón de razones para querer hacerse con armas nucleares. Empezando por su voluntad de ser una potencia regional -voluntad enraizada tanto en el nacionalismo persa como en el islam chií- y terminando por su temor a ser víctima de una agresión bélica norteamericana y/o israelí, como ya lo fue en los años 1980 de una guerra impuesta por el Irak de Sadam. Precisamente, los ejemplos contrapuestos de Irak y de Corea del Norte le han llevado al convencimiento de que solo la verdadera posesión de armas de destrucción masiva puede librarle de un ataque exterior.
Por aquello de mantener la moral de la tropa, el régimen iraní atribuyó al principio a accidentes las explosiones que sacudían sus cuarteles y fábricas o reventaban los Peugeot de sus científicos. Hasta que, recientemente, admitió lo que todo el mundo sabía: esa epidemia, de la que era víctima todo lo relacionado con el programa nuclear, no podía ser otra cosa que el fruto de la acción de servicios de espionaje extranjeros.
Por su propia naturaleza, la guerra secreta es muy sucia. Y lo más sucio de esta son los asesinatos de científicos iraníes. Han ido cayendo Ardeshir Hosseinpour (2007), Masud Ali Mohammadi (2010), Majid Shahriari (2010), Dariush Rezaeinejad (julio de 2011) y Mostafa Ahmadi-Roshan (enero de 2012). El hoy director de la agencia atómica iraní, Fereydun Abbasi-Davani, fue gravemente herido en noviembre de 2010. Y el general Hassan Moghadam pereció en noviembre de 2011, en la explosión de un cuartel de los Guardias Revolucionarios.
El modus operandi en los asesinatos de la mayoría de científicos ha sido el siguiente: unos motociclistas se acercan al coche de su objetivo, le adosan una bomba magnética, aceleran para alejarse y no tarda en producirse una explosión. En el mismísimo Teherán.
Estados Unidos ha negado con vehemencia estar detrás de estas acciones. Su desmentido parece creíble y la práctica totalidad de los expertos las atribuye al Mosad. Como los agentes israelíes de la unidad Cesarea, la especializada en sabotaje y asesinato, no pueden actuar en Irán -ni aun disfrazándose de europeos, como sí hicieron en Dubai en 2011-, el Mosad ha reclutado a opositores extremistas iraníes de etnia kurda, religión suní (grupo Jundallah) o ideología ultraizquierdista (Muyahidin Jalq).
En ocasiones, el espionaje israelí ha utilizado para esta guerra sucia lo que en el mundo de los servicios secretos se llama false flag, falsa bandera. El pasado mes, la revista Foreing Policy informó de que agentes del Mosad se hicieron pasar por funcionarios de la CIA para reclutar como sicarios a terroristas del grupo Jundallah. Mark Perry, el autor de la información, contaba que esta operación se llevó a cabo a espaldas de la CIA y la Casa Blanca, que, cuando la descubrieron, aullaron de indignación.
Tamir Pardo, el nuevo jefe del Mosad, dirige ahora los actos de sabotaje y asesinato contra el programa nuclear iraní. Pero esta guerra secreta la había diseñado e iniciado su predecesor, Meir Dagan. A comienzos de 2011, el legendario spymaster Dagan fue cesado precisamente por su oposición a un ataque bélico contra Irán. Ya entonces, los gobernantes israelíes creían que la guerra secreta que llevaba a cabo el Mosad era necesaria, pero no suficiente. Y comenzaban a planear tanto una operación militar aérea contra instalaciones iraníes como la respuesta a las previsibles represalias.
Estos preparativos se han acelerado desde que, el pasado noviembre, la Agencia Internacional de la Energía Atómica certificó que el programa nuclear iraní tiene fines militares. Al Gobierno israelí le inquieta particularmente la nueva planta de enriquecimiento de uranio de Fordo, cerca de la ciudad sagrada chií de Qom, un auténtico búnker subterráneo excavado en una montaña y protegida por una fuerte defensa antiaérea. Ha llegado al convencimiento de que, dentro de un año, ya nada ni nadie podrá impedir que Irán se dote del arma nuclear.
En esta y otras materias de seguridad, Israel tiene suficientemente probado que no se anda con chiquitas. En 1981 sus cazabombarderos F-16 lanzaron un ataque sorpresa contra el reactor nuclear de Osirak, en el Irak de Sadam, y lo inutilizaron por completo. En 2007, esta vez con cazabombarderos F-15I Raam, volvió a actuar de esta guisa contra un reactor sirio en una zona desértica al oeste de Damasco.
Ahora bien, ¿tiene Israel recursos militares suficientes para repetir las jugadas de Irak y Siria en el actual Irán? En un reportaje muy documentado, el semanario norteamericano Time acaba de responder negativamente a esa pregunta: Israel no está en condiciones de infligir un daño irreparable al programa nuclear iraní.
Para empezar, el régimen iraní ha repartido ese programa entre numerosas instalaciones dispersadas a lo largo y ancho de ese amplio país (Irán, habitado por 80 millones de personas, tiene una extensión tres veces superior a España). Y las más importantes, las que albergan las centrifugadoras que enriquecen el uranio, están construidas bajo tierra, a profundidades que las hacen casi invulnerables.
Y luego están las limitaciones de la aviación israelí. Cuenta con F-15I Raam capaces de volar 2.500 kilómetros sin repostar, una autonomía suficiente para llegar a Irán (entre Tel Aviv y Teherán hay 1.600 kilómetros). Y con F-161 de escolta. Amén de una flota de aviones no tripulados (drones) aptos para bombardeos de precisión. Sus satélites y aviones no tendrían excesivos problemas tanto para guiar a los suyos como para perturbar los radares, las telecomunicaciones y los ordenadores de los iraníes.
El problema estriba, como señala Time, en que resulta difícil imaginar que esas unidades pueden estar yendo y viniendo días y días, semanas y semanas, teniendo que repostar una y otra vez en el aire a muchos de sus aparatos. Y, según los especialistas, esto, una campaña muy prolongada, es lo que sería necesario para demoler seriamente el programa iraní.
Así que Israel podría lanzar un ataque aéreo puntual que dañara unas cuantas instalaciones. El programa nuclear iraní sufriría así un retraso de algunos meses, quizá un año, pero no más, según fuentes norteamericanas. De dos o tres años, según las fuentes israelíes más optimistas.
Solo Estados Unidos podría causarle un daño más serio, pero a costa de emplear durante largo tiempo todo su potencial de bombardeo con misiles y desde aviones. Y aun así, los expertos creen que tampoco conseguiría cerrar el caso definitivamente. Quedaría, pues, el recurso a la invasión terrestre, a la guerra total, algo inalcanzable para Israel e impensable hoy para Estados Unidos.
¿Y cómo reaccionaría Irán a un ataque aéreo israelí? Nadie discute que ese ataque daría oxígeno político al régimen de los ayatolás, que se encuentra en el punto más bajo de su legitimidad doméstica y su influencia regional. Les permitiría presentarse como víctimas de una agresión. En el interior apelarían tanto al sentimiento nacional persa como al islámico para movilizar a su población. En el exterior podrían revigorizar su prestigio entre sectores antiimperialistas del mundo árabe y musulmán, muy alicaído hoy por la democrática primavera árabe y la agonía del régimen sirio de los Asad.
Militarmente, Irán podría responder disparando misiles de largo alcance Shahab-3 contra Israel, pero es difícil prever cuál sería su alcance e impacto. Al Gobierno israelí le preocupan más los ataques que podrían lanzar esos vecinos suyos y aliados de Irán que son el grupo libanés Hezbolá y el palestino Hamás. La Siria de los Asad también podría sumarse a la pelea, encontrando así una salida "patriótica" a sus apuros domésticos.
Esto es, no sería descartable una guerra total en Oriente Próximo. Como tampoco una campaña de acciones terroristas en el resto del mundo contra objetivos israelíes y judíos. Por no hablar de un intento de cierre del estrecho de Ormuz por parte de Irán con la subsiguiente crisis petrolera planetaria. Asimismo Irán podría sabotear refinerías y oleoductos en territorio saudí.
¿Vale la pena? No para el resto del mundo; en cuanto a Israel, es lo que evalúan en estos momentos tres personas: el primer ministro Netanyahu, el viceprimer ministro Yaalon y el ministro de Defensa Barak. Calificados de "halcones" por el semanario británico The Economist, los tres están convencidos de que un Irán nuclear supondría una "amenaza existencial" para Israel. Así que se inclinan a pensar que vale la pena.
El 25 de enero, el periodista israelí Ronen Bergman publicó en el suplemento semanal de The New York Times un reportaje (Will Israel attack Iran?) que no ha cesado desde entonces de analizarse del derecho y del revés por todos los que siguen este asunto. Bergman lo concluía así: "Tras hablar con muchos líderes políticos y jefes militares y de los servicios de inteligencia, he llegado a la conclusión de que Israel atacará Irán en 2012".
Bergman es un veterano analista y reportero del diario israelí Yedioth Ahronoth, alguien muy bien conectado y fiable. Nadie pone en duda los hechos que cuenta en su reportaje, ni tampoco las declaraciones de políticos, militares y espías israelíes que recoge. Pero ¿y si, en este juego de espejos deformantes que es la próxima guerra, alguien le hubiera hablado al periodista como lo hizo con la intención de que transmitiera a Estados Unidos y a Europa la idea de que, como no endurezcan más su actitud, Israel atacará en solitario sean cuales sean las consecuencias para todos?
Así, como un globo sonda para meter más presión, lo ha interpretado el diario israelí Haaretz. Y también el especialista estadounidense Jeffrey Goldberg, que ha contado que las mismas fuentes israelíes ya le dijeron a él que el ataque se produciría en el verano de 2011. Goldberg cree que los gobernantes israelíes repiten la jugada para que Occidente apriete aún más las clavijas a los ayatolás. El propio Bergman, en declaraciones a The New York Times del 30 de enero, admite que él no puede meterse en la cabeza de la gente a la que entrevista y descubrir las razones por las que dice esto o aquello. "Puede ser", dice, "que estemos ante aquello de 'agárrame, que le pego'. Puede que Israel esté enviando un mensaje de este tipo a Estados Unidos y Europa: hagan algo con Irán, porque si no, lo haremos nosotros".
Y es que tampoco en el establishment israelí hay total unanimidad sobre la rentabilidad de un ataque aéreo unilateral contra Irán. Hay voces discrepantes, y no, precisamente, de pacifistas. Entre otros, Meir Dagan, exjefe del Mosad; Gabi Ashkenazi, exjefe de la Junta de Estado Mayor, y Rafi Eitan, un veterano oficial del Mosad, creen que la amenaza de Irán no es ni tan inminente ni tan "existencial", y que una acción militar preventiva israelí sería catastrófica. No detendría el programa nuclear de los ayatolás y le supondría a Israel un serio aislamiento internacional y feroces represalias.
Cuando fue destituido en enero de 2011, el spymaster Dagan reunió a un grupo de periodistas y, según cuenta Bergman, les dijo: "La idea de que es posible detener el proyecto nuclear iraní con un ataque militar es incorrecta; tan solo es posible provocar un retraso temporal". Eitan es de esa opinión: el único modo serio y definitivo de lidiar con este asunto es "un cambio de régimen" en Teherán, algo a lo que contribuiría muy poco, más bien al contrario, el ataque israelí.
En un artículo publicado el 23 de enero en el diario beirutí Daily Star, el exagente de la CIA Bruce Riedel, especialista en Oriente Próximo, cree que el Gobierno israelí exagera. Es, al parecer, la opinión mayoritaria en el espionaje estadounidense. Obama, según fuentes norteamericanas, tiene sobre la mesa del Despacho Oval informes que dicen: 1. Irán, aunque continúe enriqueciendo uranio, aún no ha dado los pasos técnicos necesarios para construir un arma nuclear. 2. Aunque empezara a darlos, necesitaría más de un año para construir tal arma. 3. Un ataque aéreo no destruiría su programa nuclear: en cambio, podría decidir a los ayatolás a construir un arma nuclear lo antes posible.
A Obama no le gusta en absoluto la próxima guerra, intuye que será tan desastrosa o más que la de Irak. A mediados de enero, telefoneó a Netanyahu para advertirle de que no debe atacar a Irán por su cuenta y riesgo. Y con ese mensaje envió a Israel, días después, al jefe del Estado Mayor norteamericano, el general Martin Dempsey.
Pero Netanyahu y los suyos no ocultan su disposición a actuar por sorpresa y sin solicitar permiso. Saben que la mayoría proisraelí de Estados Unidos terminaría aplaudiendo. Y el que Obama quedara desautorizado no les desagrada. Netanyahu ya le humilló al desoír sus llamamientos para el cese de la construcción de colonias judías en Jerusalén oriental y Cisjordania y al conseguir por ello una ovación en el mismísimo Capitolio de Washington.
A Europa esta guerra no le puede venir en peor momento. Tomándose muy en serio a Israel, acaba de tomar una decisión importante para intentar abortarla: el embargo del petróleo iraní. Lo ha dicho Alain Juppé, ministro francés de Exteriores: "Para evitar una acción militar irreparable, tenemos que endurecer las sanciones". Norteamericanos y europeos trabajan para que otros clientes del petróleo iraní como Japón y Corea del Sur se sumen al embargo. Como alternativa, Arabia Saudí se ofrece a aumentar sus exportaciones.
Las sanciones económicas están dañando a Irán: su economía está atascada mientras se disparan la inflación y el desempleo. De modo que Estados Unidos y la Unión Europea aún trabajan con la hipótesis de dejarle una vía de escape a los ayatolás: el cese del enriquecimiento de uranio y la aceptación de severas inspecciones internacionales. Pero los ayatolás tienen la cabeza dura, muy dura. El choque frontal de trenes es altamente probable. -
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domingo, 5 de febrero de 2012

EL PODER DE LA INTROVERSION VS. EL TRABAJO EN GRUPOS...

The Power of Introverts: A Manifesto for Quiet Brilliance

Author Susan Cain explains the fallacy of "groupwork," and points to research showing that it can reduce creativity and productivity
 

Do you enjoy having time to yourself, but always feel a little guilty about it? Then Susan Cain’s “Quiet : The Power of Introverts” is for you. It’s part book, part manifesto. We live in a nation that values its extroverts – the outgoing, the lovers of crowds – but not the quiet types who change the world. She recently answered questions from Mind Matters editor Gareth Cook.
Cook: This may be a stupid question, but how do you define an introvert? How can somebody tell whether they are truly introverted or extroverted? 
Cain: Not a stupid question at all! Introverts prefer quiet, minimally stimulating environments, while extroverts need higher levels of stimulation to feel their best. Stimulation comes in all forms – social stimulation, but also lights, noise, and so on. Introverts even salivate more than extroverts do if you place a drop of lemon juice on their tongues! So an introvert is more likely to enjoy a quiet glass of wine with a close friend than a loud, raucous party full of strangers.
It’s also important to understand that introversion is different from shyness. Shyness is the fear of negative judgment, while introversion is simply the preference for less stimulation. Shyness is inherently uncomfortable; introversion is not. The traits do overlap, though psychologists debate to what degree.
Cook: You argue that our culture has an extroversion bias. Can you explain what you mean?
Cain: In our society, the ideal self is bold, gregarious, and comfortable in the spotlight. We like to think that we value individuality, but mostly we admire the type of individual who’s comfortable “putting himself out there.” Our schools, workplaces, and religious institutions are designed for extroverts. Introverts are to extroverts what American women were to men in the 1950s -- second-class citizens with gigantic amounts of untapped talent.
In my book, I travel the country – from a Tony Robbins seminar to Harvard Business School to Rick Warren’s powerful Saddleback Church – shining a light on the bias against introversion. One of the most poignant moments was when an evangelical pastor I met at Saddleback confided his shame that “God is not pleased” with him because he likes spending time alone.
Cook: How does this cultural inclination affect introverts?
Cain: Many introverts feel there’s something wrong with them, and try to pass as extroverts. But whenever you try to pass as something you’re not, you lose a part of yourself along the way. You especially lose a sense of how to spend your time. Introverts are constantly going to parties and such when they’d really prefer to be home reading, studying, inventing, meditating, designing, thinking, cooking…or any number of other quiet and worthwhile activities.
According to the latest research, one third to one half of us are introverts – that’s one out of every two or three people you know. But you’d never guess that, right? That’s because introverts learn from an early age to act like pretend-extroverts.
Cook: Is this just a problem for introverts, or do you feel it hurts the country as a whole?
Cain: It’s never a good idea to organize society in a way that depletes the energy of half the population. We discovered this with women decades ago, and now it’s time to realize it with introverts.
This also leads to a lot of wrongheaded notions that affect introverts and extroverts alike. Here’s just one example: Most schools and workplaces now organize workers and students into groups, believing that creativity and productivity comes from a gregarious place. This is nonsense, of course. From Darwin to Picasso to Dr. Seuss, our greatest thinkers have often worked in solitude, and in my book I examine lots of research on the pitfalls of groupwork.
Cook: Tell me more about these “pitfalls of groupwork.”
Cain: When you’re working in a group, it’s hard to know what you truly think. We’re such social animals  that we instinctively mimic others’ opinions, often without realizing we’re doing it. And when we do disagree consciously, we pay a psychic price. The Emory University neuroscientist Gregory Berns found that people who dissent from group wisdom show heightened activation in the amygdala, a small organ in the brain associated with the sting of social rejection. Berns calls this the "pain of independence."
Take the example of brainstorming sessions, which have been wildly popular in corporate America since the 1950s, when they were pioneered by a charismatic ad executive named Alex Osborn. Forty years of research shows that brainstorming in groups is a terrible way to produce creative ideas. The organizational psychologist Adrian Furnham puts it pretty bluntly: The "evidence from science suggests that business people must be insane to use brainstorming groups. If you have talented and motivated people, they should be encouraged to work alone when creativity or efficiency is the highest priority."
This is not to say that we should abolish groupwork. But we should use it a lot more judiciously than we do today.
Cook: What are some of the other misconceptions about introverts and extroverts?
Cain: One big one is the notion that introverts can’t be good leaders. According to groundbreaking new research by Adam Grant, a management professor at Wharton, introverted leaders sometimes deliver better outcomes than extroverts do. Introverts are more likely to let talented employees run with their ideas, rather than trying to put their own stamp on things. And they tend to be motivated not by ego or a desire for the spotlight, but by dedication to their larger goal. The ranks of transformative leaders in history illustrate this: Gandhi, Eleanor Roosevelt, and Rosa Parks were all introverts, and so are many of today’s business leaders, from Douglas Conant of Campbell Soup to Larry Page at Google.
Cook: Is there any relationship between introversion and creativity?
Cain: Yes. An interesting line of research by the psychologists Mihaly Csikszentmihalyi and Gregory Feist suggests that the most creative people in many fields are usually introverts. This is probably because introverts are comfortable spending time alone, and solitude is a crucial (and underrated) ingredient for creativity.
Cook: Can you give some other examples of surprising introversion research?
Cain: The most surprising and fascinating thing I learned is that there are “introverts” and “extroverts” throughout the animal kingdom – all the way down to the level of fruit flies! Evolutionary biologist David Sloan Wilson speculates that the two types evolved to use very different survival strategies. Animal “introverts” stick to the sidelines and survive when predators come calling. Animal “extroverts” roam and explore, so they do better when food is scarce. The same is true (analogously speaking) of humans.
Cook: Are you an introvert?
Cain: Yes. People sometimes seem surprised when I say this, because I’m a pretty friendly person. This is one of the greatest misconceptions about introversion. We are not anti-social; we’re differently social. I can’t live without my family and close friends, but I also crave solitude. I feel incredibly lucky that my work as a writer affords me hours a day alone with my laptop. I also have a lot of other introvert characteristics, like thinking before I speak, disliking conflict, and concentrating easily.
Introversion has its annoying qualities, too, of course. For example, I’ve never given a speech without being terrified first, even though I’ve given many. (Some introverts are perfectly comfortable with public speaking, but stage fright afflicts us in disproportionate numbers.)
But I also believe that introversion is my greatest strength. I have such a strong inner life that I’m never bored and only occasionally lonely. No matter what mayhem is happening around me, I know I can always turn inward.
In our culture, snails are not considered valiant animals – we are constantly exhorting people to “come out of their shells” – but there’s a lot to be said for taking your home with you wherever you go.
Are you a scientist who specializes in neuroscience, cognitive science, or psychology? And have you read a recent peer-reviewed paper that you would like to write about? Please send suggestions to Mind Matters editor Gareth Cook, a Pulitzer prize-winning journalist at the Boston Globe. He can be reached at garethideas AT gmail.com or Twitter @garethideas.
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22/04/2011

FERNANDO MIRES: ¿Qué es el Poder?

 

1.
El concepto de poder es relacional y no autoreferente, es decir, siempre existe en relación con alguien o algo. Podemos así hablar del poder frente a la naturaleza, frente al destino, frente a los demás; nunca del poder en sí. Con mucha mayor razón cuando hablamos del poder en la política, lugar este último donde dirimimos nuestros ideales e intereses juntos y en contra de los demás. Por el mismo motivo, el sentido político del poder adquiere relevancia cuando ese poder no lo poseemos (o cuando lo hemos perdido). De este modo, el poder se revela en toda su intensidad frente a la ausencia de poder, ausencia que nos impulsa a apoderarnos del poder que no tenemos para ejercer nuestro poderío, hecho que si se transforma en ejercicio constante puede hacer imposible la gobernabilidad de las naciones. Fue precisamente el peligro de la ingobernabilidad el que llevó en el pasado a la formulación de las llamadas teorías contractuales, particularmente a las de Hobbes (Leviathan) y Rousseau (contrato social), destinadas a sustentar la tesis de la delegación del poder -de origen popular o no- en una monarquía absoluta.
Ahora bien, habiendo sido abolidas las monarquías europeas, el poder delegado a una instancia estatal no fue disuelto, sino fragmentado. Como consecuencia de esa fragmentación surgió la necesidad de su repartición entre –valga la paradoja- diversas instancias de poder, razón que a su vez hizo posible que la política moderna fuera concebida como una práctica orientada en el marco de la lucha por el poder. La lucha por el poder trajo a su vez consigo la necesidad de su reglamentación y fue así como surgieron las instituciones y constituciones republicanas que todos conocemos. De acuerdo a tal reglamentación, la república no es una institución de poder sino el campo en donde tiene lugar la lucha por el poder que es, a su vez el motivo que da sentido a la política.
“El objetivo de la  política es el poder” –dice el conocido dictamen de Max Weber (1864-1920). “Y el poder reside en el Estado”, agregaría el gran sociólogo. Por lo tanto, según Weber, la lucha por el poder político es la lucha por acceder al Estado, lo que obliga a quienes buscan obtenerlo a asociarse con “partidarios”, formando partidos. Debido a esas razones, el poder político es un poder “re-partido” entre partidos que se forman para acceder al poder. En la “partición y re-partición” del poder entre y en los partidos reside el secreto de la democracia moderna.
Desaparecida o disminuida en sus dimensiones la lucha por el poder, la actividad política es convertida en simple práctica administrativa y burocrática, constatación de Weber radicalizada por Carl Schmitt (1888-1985), quien confirió a la política un sentido existencial que surge del antagonismo entre fuerzas diferentes alineadas en una relación de amigo-enemigo.
Schmitt coincide con Weber en que el objetivo del poder reside en el Estado, pero agrega que para que el poder sea realizado plenamente, un enemigo debe intentar derrotar al otro imponiendo así su soberanía, y si es necesario, sobre la constitución y las leyes. De este modo “el soberano es quien está en condiciones de dictar el estado de excepción” es decir, quien está en condiciones de terminar el juego político, aunque no siempre lo haga.
Sin embargo, Carl Schmitt no llevó a cabo la diferencia entre una relación de simple dominación y la soberanía política, tarea que apelando a otra terminología emprendió Antonio Gramsci (1891-1937) al introducir en el espacio de la lucha por el poder el concepto de hegemonía, desplazando así el lugar de la lucha política desde el Estado hacia la “sociedad civil” (concepto hegeliano). La hegemonía, según Gramsci, debe ser conquistada, antes que nada, en el plano de las ideas. De ahí la importancia que Gramsci confiere a los por él llamados “intelectuales orgánicos”. En ese contexto, Gramsci realiza la distinción entre una “clase dirigente” y una “clase dominante”. Cuando la clase dominante ya no está en condiciones de dirigir el Estado al haber perdido o no alcanzado su hegemonía sobre la sociedad, el lugar de la dominación debe ser ocupado por la clase hegemónica, o dirigente, es decir, para Gramsci la hegemonía es un pre-requisito de la dominación estatal.
Siguiendo una línea que sólo por momentos pareciera tener cierta afinidad con la gramsciana, Hannah Arendt  (1906-1975) constató que la teoría política moderna no había especificado con claridad la diferencia entre el poder político y el poder que deviene de medios no políticos, como por ejemplo, de la violencia. Esa no-diferencia se encuentra incluso en una palabra alemana, Gewalt, que quiere decir poder y violencia al mismo tiempo, a diferencia de otra palabra alemana, Macht, que al venir del verbo machen (hacer) significa sólo poder (poder hacer) y luego es la más apta para el uso político.
Pero Hannah Arendt no se limitó a establecer la diferencia entre violencia y poder sino, además, otorgó a ella un carácter antagónico. En efecto, según Arendt, quien tiene poder no requiere de la violencia. A la inversa, el uso de la violencia revela ausencia de poder. La razón es que el poder se expresa en la política de un modo numérico (y no sólo hegemónico como en Gramsci). El poder, de acuerdo a Arendt, reside en las mayorías y- podríamos agregar- las mayorías son siempre hegemónicas. Hannah Arendt entiende así el concepto de poder no sólo en un sentido político-republicano sino, antes que nada, en un sentido político-democrático.
En un espacio democrático el poder no es disuelto pero tampoco reside exclusivamente en el Estado como “instrumento de dominación de clase”, premisa gramsciana- marxista que fue rebatida de modo implícito por Hannah Arendt.
Michael Foucault fue también más allá de Gramsci postulando la tesis de que el poder se encuentra atomizado en instituciones como las cárceles, las escuelas, la familia, e incluso al interior de nosotros mismos. Pero Foucault no siempre especificó si él se refería al poder político o al poder en su sentido más amplio. No obstante, el hecho de que el poder político no sólo es estatal ni sólo clasista, ha llevado a determinados autores, entre quienes se cuentan Chantal Mouffe y Ernesto Laclau, a referirse a las llamadas articulaciones hegemónicas que ocurren como un desplazamiento permanente de actores en el campo indeterminado de “lo social” y que por su heterogeneidad sólo pueden expresarse en el poder a través de significantes imprecisos y de un modo más bien simbólico.
Siguiendo una línea “arendtiana” y no “gramsciana” autores como Jacques Ranciere- de modo implícito- y Claude Lefort (1924-2010) –de modo explícito- han buscado otorgar a la lucha política por el poder un sentido deliberativo, subrayando el primero que la lucha por el poder requiere que un contendiente al menos entienda las reglas del juego como “un mal entendido” (o desacuerdo), el que para que se transforme en un “bien-entendido” (o acuerdo) precisa de una lucha que tiene lugar mediante la presentación sintáxica de los argumentos. La lucha política deviene así en lucha sintáxica. Claude Lefort, a su vez, siguiendo la crítica de Hannah Arendt a las concepciones políticas totalitarias, postula que el poder político, para que siga siéndolo, requiere de su no ocupación definitiva.
Según Claude Lefort, la caída de la monarquía, sobre todo en Francia, dejó un lugar vacío pues, al haber sido la monarquía la representación virtual del poder divino, el espacio heredado por la modernidad republicana es un poder vacío (aunque no es un vacío de poder) esto es, un símbolo de “un poder sobre el poder” que para que exista no debe ser ocupado por nada ni por nadie. Si el poder político es “vaciado de su vacío”, comienza la lucha por la libertad. De este modo Lefort refuerza el postulado de Arendt: “el sentido (último) de la política es la libertad”.
De acuerdo al postulado de Hannah Arendt, podemos hablar entonces de un poder político que oprime y de otro que nos libera. La elección entre el uno y el otro es personal y en las condiciones actuales esa elección se expresa a través del sufragio universal.

2.
Hay, sin embargo, una teoría, o mejor dicho una doctrina, que intenta contraponer una concepción del poder muy diferente a la que han sostenido los más importantes representantes de la filosofía política moderna. Dicha doctrina es la de “la democracia participativa”, doctrina representada en supuestos “concejos”, que pueden ser, según las circunstancias, concejos obreros, barriales o comunales. Los fundadores de esa doctrina fueron Lenin y Trotsky –la palabra rusa “soviets” significa concejos- pero también fue aplicada por Mussolini y Hitler, sobre todo en los barrios y fábricas.
La implantación de los llamados “concejos”, en sus más variadas formas, ha sido y es utilizada por todas las dictaduras que han emergido en nombre de una revolución (real o supuesta). De acuerdo a esa doctrina, el poder es devuelto (traspasado) al pueblo por una dictadura, poder que es ejercido teoricamente desde las bases de acuerdo a las líneas directrices dictadas por el poder central. Esa es la razón por la cual el llamado poder popular no es más que otro nombre otorgado al corporativismo estatal, y en todos los casos donde ha intentado aplicarse, no ha significado otra cosa que la estatización de las organizaciones sociales las que, mediante ese procedimiento, son puestas al servicio de una dictadura.
El poder político, por su propia naturaleza, es un poder representativo y por lo mismo delegativo. La democracia participativa, por el contrario, es una fantasía ideológica que jamás ha podido convertirse en realidad. En la mayoría de los casos no ha sido más que parte de una estrategia destinada a preservar y consolidar el poder de la clase dictatorial. Dicho en otras palabras: sólo sobre la base de una democracia representativa puede existir participación ciudadana. Sustentar la tesis de la participación en contra de la democracia representativa significa, en cambio, no sólo anular la representación; sino, además, convertir la participación (política) de los ciudadanos en una simple ficción. Y eso significa, a su vez, el fin de la política.
Pero antes que nada –y sobre ese tema hay que insistir- el poder de base, representado en supuestos concejos, no es un poder político.
El poder de los concejos populares no es político en el sentido de Weber puesto que para Weber la política es el medio para acceder al poder del Estado y los llamados concejos populares son parte del Estado. Tampoco es político en el sentido de Schmitt ya que bloquea el enfrentamiento entre bandos contrarios los cuales son disueltos al interior de las llamadas asociaciones participativas de base. En ningún caso es político en el sentido de Gramsci puesto que reducida la actividad ciudadana a la participación en concejos separados entre sí, termina la lucha por el poder central y sin esa lucha no puede haber hegemonía de nadie. Mucho menos es político en el sentido de Arendt, porque anula y oculta el poder de las mayorías. Más aún, la llamada democracia participativa expresada en concejos populares es el medio del que se sirven las dictaduras cuando éstas son minoritarias. Y ni siquiera en el sentido de Foucault el poder concejal puede ser político ya que no sólo fracciona el poder popular, sino, además, centraliza el poder dictatorial. Desde ese punto de vista, el poder político es atomizado en una multiplicidad de micro-unidades que toman la forma de un archipiélago alrededor de un continente dictatorial. Tampoco es político en el sentido de Mouffe/Laclau dado que la llamada sociedad, al estar dividada en múltiples compartimentos estancos -que eso y no más son los llamados concejos populares- no puede articularse entre sí ni formar movimientos sociales más allá de las “organizaciones de base”. Por último, no es político en el sentido de Ranciere y Lefort, puesto que el Estado al estar ocupado, ya no contiene más ese espacio vacío que hace posible la acción política y la comunicación discursiva.
En síntesis, el llamado poder popular, o de base, expresión de la así llamada “democracia participativa”, no ha pasado de ser una instancia derivada de un poder central. En esa instancia para-estatal, sus  participantes obtienen la ilusión de un poder que no tienen, o que en el mejor de los casos sólo usan en discusiones absolutamente irrelevantes para la vida política de una nación.
Pero, si el llamado poder popular no es político ¿qué es? La respuesta es simple: es un poder post-político; vale decir, emerge justo en el momento en que muere la política. No hay ninguna experiencia histórica que muestre lo contrario. La democracia participativa no ha sido así más que un simulacro de participación organizada por un poder ejecutivo que monopoliza para sí las decisiones legislativas, las judiciales, las culturales y las militares. O dicho de este modo: la  llamada democracia participativa representa la supresión de “lo político” en nombre de “lo social”. La democracia participativa, en fin, no es más que una metáfora utilizada por las dictaduras para llevar a cabo la expropiación política del pueblo por el Estado.
De tal modo, siempre que alguien use el término poder popular como sustituto del poder representativo, o el de democracia participativa como sustituto de la democracia delegativa, ya lo sabemos: ese alguien está postulando la necesidad de una dictadura. Cuidado.


Referencias:
Arendt, Hannah “Sobre la violencia”, Alianza, Madrid 2005
Foucault, Michel “Vigilar y Castigar”, Siglo XXl, Madrid 1978
Gramsci, Antonio “Antología”, Siglo XXl, México 1970
Laclau, Ernesto; Mouffe, Chantal “Hegemonía y estrategia socialista”, Siglo XXl, Madrid 1987
Lefort, Claude “La incertidumbre democrática” , Antrophos, Madrid 2004
Ranciere, Jacques “El desacuerdo”, Nueva Visión, Buenos Aires 1996
Schmitt, Carl “El concepto de lo político”, Alianza, Madrid 1999
Weber, Max “El político y la ciencia”, Prometeo, Buenos Aires 2006
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miércoles, 25 de enero de 2012

Why Politicians Get Away With Lying

Room for Debate Home  from New York Times
Updated January 25, 2012 12:59 AM

Why Politicians Get Away With Lying

Debaters

Introduction

Politicians and LyingMikel Jaso
Maybe it’s a sign that the public has given up on honesty from presidential candidates. Instead, in a recent flurry prompted by the public editor of The New York Times, the assumption seems to be that politicians will always lie and that voters’ defense against that is fact checking by journalists.
But … why do voters let politicians lie to them? What sort of lies do people accept, and which do they object to?
Todd Rogers of the Harvard Kennedy School and Michael I. Norton of the Harvard School of Business organized this discussion.
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viernes, 20 de enero de 2012

Climate Proposal Puts Practicality Ahead of Sacrifice

Source  The New York Times

January 16, 2012


The current issue of the journal Science contains a proposal to slow global warming that is extraordinary for a couple of reasons:
1. In theory, it would help people living in poor countries now, instead of mainly benefiting their descendants.
2. In practice, it might actually work.
This proposal comes from an international team of researchers — in climate modeling, atmospheric chemistry, economics, agriculture and public health — who started off with a question that borders on heresy in some green circles: Could something be done about global warming besides forcing everyone around the world to use less fossil fuel?
Ever since the Kyoto Protocol imposed restrictions in industrial countries, the first priority of environmentalists has been to further limit the emission of carbon dioxide. Burning fewer fossil fuels is the most obvious way to counteract the greenhouse effect, and the notion has always had a wonderfully virtuous political appeal — as long as it’s being done by someone else.
But as soon as people are asked to do it themselves, they follow a principle identified by Roger Pielke Jr. in his book “The Climate Fix.” Dr. Pielke, a political scientist at the University of Colorado, calls it iron law of climate policy: When there’s a conflict between policies promoting economic growth and policies restricting carbon dioxide, economic growth wins every time.
The law holds even in the most ecologically correct countries of Europe, as Dr. Pielke found by looking at carbon reductions from 1990 until 2010.
The Kyoto Protocol was supposed to put Europe on a new energy path, but it contained so many loopholes that the rate of “decarbonization” in Europe did not improve in the years after 1998, when the protocol was signed, or after 2002, when it was ratified. In fact, Europe’s economy became more carbon-intensive in 2010, he says — a trend that seems likely to continue as nuclear power plants are shut down in Germany and replaced by coal-burning ones.
“People will make trade-offs, but the one thing that won’t be traded off is keeping the lights on at reasonable cost,” he says. Given the reluctance of affluent Europeans to make sacrifices, what are the odds of persuading billions of people in poorer countries to pay more for energy today in return for a cooler climate at the end of the century?
But suppose they were offered a deal with immediate benefits, like the one proposed in Science by researchers in the United States, Britain, Italy, Austria, Thailand and Kenya. The team looked at ways to slow global warming while also reducing the soot and smog that are damaging agriculture and health.
Black carbon, the technical term for the soot spewed from diesel engines and traditional cookstoves and kilns, has been blamed for a significant portion of the recent warming in the Arctic and for shrinking glaciers in the Himalayas. Snow ordinarily reflects the sun’s rays, but when the white landscape is covered with soot, the darker surface absorbs heat instead.
Methane, which is released from farms, landfills, coal mines and petroleum operations, contributes to ground-level ozone associated with smog and poorer yields from crops. It’s also a greenhouse gas that, pound for pound, is far more powerful than carbon dioxide at trapping the sun’s heat.
After looking at hundreds of ways to control these pollutants, the researchers determined the 14 most effective measures for reducing climate change, like encouraging a switch to cleaner diesel engines and cookstoves, building more efficient kilns and coke ovens, capturing methane at landfills and oil wells, and reducing methane emissions from rice paddies by draining them more often.
If these strategies became widespread, the researchers calculate, the amount of global warming in 2050 would be reduced by about one degree Fahrenheit, roughly a third of the warming projected if nothing is done. This impact on temperatures in 2050 would be significantly larger than the projected impact of the commonly proposed measures for reducing carbon dioxide emissions.
Not incidentally, the researchers calculate, these reductions in low-level ozone and black carbon would yield lots of benefits long before 2050. Because people would be breathing cleaner air, 700,000 to 4.7 million premature deaths would be avoided each year. Thanks to improved crop yields, farmers would produce at least 30 million more metric tons of food annually.
“The beauty of these pollution-control measures is that over five to 10 years they pay for themselves in the developing world,” says Drew Shindell, the lead author of the proposal, who is a climate scientist at the NASA Goddard Institute for Space Studies and at Columbia University. “They slow global warming, but there are local benefits, too. If you make black carbon reductions in China or India, you get most of the benefits in China or India.”
These ideas already have a few fans, including Ted Nordhaus, a founder of the Breakthrough Institute, which has endorsed similar measures in a report called “Climate Pragmatism.” Mr. Nordhaus sees the Science paper as a model for the future.
“This is what the post-Kyoto world will look like,” he says. “We’ll increasingly be managing ecological problems like global warming, not solving them. We may make some headway in limiting our emissions, but if we do so it will be through innovating better energy technologies and implementing them at the national and regional level, not through top-down international limits.”
These pollution-control policies aren’t especially controversial — even Republicans hostile to environmentalists have supported research into black carbon — but neither have they have been especially popular. Mainstream environmental groups haven’t put them on the agenda. One reason is the lack of glamour: Encouraging villagers to use diesel engine filters and drain their rice paddies is less newsworthy than negotiating a global treaty on carbon at a United Nations conference.
Another reason is the fear of distracting people from the campaign against carbon dioxide, the gas with the most long-term impact. Because it lingers in the atmosphere much longer than soot or methane, some scientists argue that limiting it must be the first step. Dr. Shindell says he agrees with the need to limit carbon dioxide and sympathizes with those who worry about losing focus.
“But I also worry that carbon dioxide will go up even if we do focus on it,” he says. “We’re at a complete deadlock on carbon dioxide. Dealing with the short-lived pollutants might really be a way to bridge some of the differences, both between the two sides in the United States and between the developed and the developing world.”
No matter what people think about global warming, there aren’t a lot of fans of dirty snow, poor crops and diseased lungs.
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miércoles, 18 de enero de 2012

LA TRAMPA DE LAS IDEOLOGIAS

Fernando Mires: ¿CÓMO PASAR DEL COMUNISMO AL CAPITALISMO SIN SOLTAR EL PODER?


 
“Parece un museo pre-histórico”- pensé mientras pasaba el plumero sobre libros del los sesenta y setenta agolpados en la parte alta de mi biblioteca. Me interesó hojear el más amarillento: “La transición del capitalismo al socialismo” (Mandel, Sweezy, Bettelheim) 


Hoy, en cambio, debería escribirse libros sobre la “la transición del comunismo al capitalismo”- me dije sin asomo de ironía. Pero no conozco ninguno, lo que de veras es un despropósito si uno piensa no en la ex-URSS o China, sino en la pobre Cuba, la que me hizo pasar, hace un par de días, un duro ejercicio de tortura intelectual.
Leer la convocatoria a la Primera Conferencia del PCC que tendrá lugar el 28 de Enero de 2012 es un sacrificio que no deseo ni a mis enemigos. Monótona, aburrida, soporífera, cualquier adjetivo similar queda chico. Sin embargo, como si yo fuera un héroe del trabajo, la leí hasta el final. Y lo hice con la esperanza de encontrar un signo que sugiriera como Cuba se aproxima hacia algo parecido a “un cambio”. Nada. Y sin embargo afirmo: de todas maneras se trata de un documento importante. Quiero decir: hay que mirar ese texto con la perspectiva de un historiador, como si se tratara de un palimpcesto al que no hay que entender sino descifrar.
Lo más resaltante de la convocatoria es que una gran parte está dedicada a las juventudes comunistas. Y si tomamos en cuenta que el PCC es en estos momentos lo más parecido a un asilo de ancianos, eso resulta obvio. Más importante es que al gobierno cubano preocupe el tema del Partido, el que nunca había sido más que un aparato puesto al servicio de las ocurrencias de Fidel Castro. Ahí reside  la diferencia entre Cuba y las dictaduras comunistas de la ex URSS y de las “democracias populares”. Mientras en estos últimas el Partido era el organismo hegemónico de la clase dominante, en la Cuba de los Castro ese rol ha sido ocupado por el Ejército a cuya cabeza ha estado el dios supremo, algunos familiares y sus amigos íntimos.
Que hoy la renovación del partido se convierta en tema central, dice algo. Tiene que ver, sin duda, con la renovación económica que intenta imponer Raúl Castro, cuyo objetivo puede ser resumido en esta frase: ¿Cómo pasar del comunismo al capitalismo sin soltar el poder? Ese es, para él, y su “clase”, un dilema existencial.
En ese contexto resulta evidente que el Ejército y la Policía, fuera de servir de muro de contención a toda disidencia, carecen de personal adecuado para enfrentar una transición que requiere de atributos tecnológicos, administrativos y sobre todo empresariales. De ahí se explica por qué el “raulismo” está intentando un lento traspaso hegemónico del Ejército al Partido, o lo que es igual: del comunismo militar al capitalismo burocrático. De ahí también la urgencia por “rejuvenecer” el Partido.
Pero ¿de cuál rejuvenecimiento nos hablan? ¿De uno político o de uno biológico? Leyendo la convocatoria del PCC da la impresión de que se trata sólo del segundo, algo así como introducir nuevos sementales en un corral donde los toros ya ni pastan.
La paradoja es que el capital humano que el PCC busca para desarrollar las fuerzas productivas de la isla existe, pero no en el Partido. Tanto fuera como dentro de Cuba hay cubanos con capacidades empresariales. Hay también manos dispuestas a trabajar duro si es que se trata de salir de la miseria. A su vez, los mejores intelectuales cubanos, escritores, músicos y artistas, no son comunistas. Muchos han emigrado. Por si fuera poco, las mujeres más combativas están en la oposición. Hay, no por último, una nueva generación que desea gozar, no sólo de los beneficios de la modernización económica, sino también de la política y de la cultural. El movimiento de “blogueros” opositores –sólo la punta de un iceberg- es el más dinámico, ingenioso y numeroso de toda América Latina.
Si Raúl entiende algo más de marxismo que su hermano, debería saber que sólo afuera de ese inútil Partido se encuentran las “fuerzas productivas” destinadas a impulsar el desarrollo de la nación. Debería saber, además, que "el capital de todo capital" está formado por seres humanos los que para expandir sus capacidades requieren de tres libertades muy elementales. Nada más que tres, las que para ser decretadas no precisan de ninguna empalangosa convocatoria. Sólo de un par de huevos.
  1. Libertad de pensamiento, palabra y opinión. 
  2. Libertad de asociación
  3. Libertad de movimiento.
La convocatoria del PCC no se refiere, sin embargo, a ninguna de las tres. Y sin ellas la renovación nunca podrá ser posible.
Raúl Castro está perdiendo así su gran oportunidad. Con todo el poder que ya tiene podría haber pasado a la historia como el liberador de Cuba. La otra alternativa es la de ser recordado como el último carcelero de una nefasta dinastía. Quizás busca, en su orfandad, el camino intermedio. ¿No habrá nadie que le diga que ese camino no existe? ¿O alguien que le recuerde las palabras sabias de Gorbachov cuando encontrándose en la misma alternativa que el hermano de su hermano, dijo: “la historia castiga a quien llega demasiado tarde”?


Anexo:
Primera Conferencia Nacional del PCC. Convocatoria
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miércoles, 11 de enero de 2012

El factor religioso en las elecciones de Estados Unidos

Permalink: http://www.zenit.org/article-41248?l=spanish
El factor religioso en las elecciones de Estados Unidos

Lo que está en juego en este año decisivo 2012

MADRID, martes 10 enero 2012 (ZENIT.org).- Ofrecemos a nuestros lectores, en nuestra sección fija Observatorio Jurídico, un interesante artículo de nuestro colaborador habitual Rafael Navarro-Valls, miembro de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España, en el que analiza con precisión qué es lo que está en juego en la cita electoral estadounidense de 2012.
*****
Por Rafael Navarro-Valls
Acaba de comenzar en Estados Unidos el maratón electoral que concluirá el 6 de noviembre de este año 2012 con la designación de un nuevo presidente. Así como el partido demócrata tiene ya como candidato a Obama, el partido republicano tiene que recorrer un largo camino hasta agosto, que elegirá en la convención de Tampa Bay (Florida) el candidato que se enfrentará al presidente electo.
Este itinerario comprende una serie de estaciones intermedias que son las llamadas primarias: votaciones estado por estado que jalonan el largo recorrido. La primera de ellas acaba de tener lugar en el estado de Iowa. Los vencedores –prácticamente empatados- entre los siete candidatos han sido Mitt Romney, un mormón de 61 años y Rick Santorum, católico de 53 años. La siguiente votación es hoy martes día 10, en New Hampshire.
Los vencedores de Iowa
Miremos de cerca a los contendientes. Acabo de decir que Rick Santorum es un católico, ex senador por Pensilvania. Tiene siete hijos y, como católico coherente con sus convicciones, es pro-vida, defensor del matrimonio heterosexual y preocupado por la educación. A su alrededor se han congregado los protestantes evangélicos y, en general, los votantes defensores de los valores cristianos. Su contrincante, Romney, ha tenido que superar algunas dificultades por su religión mormona. Sin embargo, en una reciente encuesta del Pew Research Center, el 91% de los evangélicos blancos --los votantes republicanos más propensos a rechazar la religión del candidato- apoyarían a Romney si éste fuera designado como el candidato republicano para medirse con el presidente Obama.
Y es que un factor que está jugando fuerte es la religión. Incluso un conocido profesor de la Universidad de Notre Dame hace unos días titulaba así su análisis de las elecciones en marcha:“Es la religión, estúpido, no la economía”, poniéndola a la cabeza de las motivaciones de los electores. No diría yo tanto, ya que los problemas económicos (paro y déficit público) están muy presentes en el actual contexto electoral. Sin embargo, la religión también cuenta, de acuerdo con la historia de Estados Unidos.
Incluso un presidente no especialmente fervoroso como Obama, tomó posesión en una ceremonia en la que dos pastores protestantes hicieron consideraciones religiosas (uno haciendo la invocación a Dios y otro impartiendo la bendición final), parte de la multitud asistente rezó el Padre Nuestro, el nuevo presidente juró sobre una Biblia (concretamente la usada por Lincoln en idéntica ceremonia) y aludió en el texto de su discurso hasta cuatro veces a Dios, incluidas dos invocaciones a la ayuda divina al terminar.
El sentido de la separación Iglesia/Estado
Lo cual no es excepcional ya que obedece a una vieja tradición estadounidense que, con uno u otro matiz, viene repitiéndose desde que George Washington lo hiciera en 1789. El hecho objetivo que manifiesta esa simbología es el significado de la religión en la vida pública americana. Téngase en cuenta que el propósito de la separación entre las Iglesias y el Estado en Estados Unidos no fue –por decirlo en palabras de William McLoughlin– “el de hacernos a los americanos libres de la religión, sino más bien el de hacernos oficialmente libres para la práctica de la misma”.
Quiere decirse con esto que el trasfondo histórico que enmarcó el tratamiento jurídico del factor religioso en Estados Unidos fue distinto del europeo. En Estados Unidos, el poder político se limitó a abolir la religión de Estado, poniendo a todas las Iglesias en pie de igualdad, en absoluta posesión de sus bienes y libres para organizar su vida interior. Era una separación amistosa con benévola neutralidad hacia todas las Iglesias. Algo bastante distinto de la intencionalidad de la Revolución Francesa, que marca el principio del separatismo continental. Aquí el poder no perseguía una separación benévola, sino una subordinación de la Iglesia al Estado.
Se entiende así que, según estadísticas recientes, más del 90% de los encuestados norteamericanos afirma que votarían a un afroamericano, a un judío o a una mujer, y un 59% se muestran dispuestos a votar a un homosexual. Sólo un 49%, sin embargo, están dispuestos a votar a un candidato presidencial ateo.
La libertad religiosa
Sin embargo, este planteamiento, que permite hoy a un católico como Santorum o a un mormón como Romney encabezar la candidatura republicana ha necesitado un largo camino hasta el triunfo definitivo de la libertad religiosa. Un ejemplo: cuando J. F. Kennedy empezó el 2 de enero de 1960 su carrera hacia la Casa Blanca, el hecho de que un católico se presentara a la presidencia produjo resistencias. Tan es así que las referencias a su condición de católico fueron tan constantes –sobre todo en las primarias- que hubo de salir al paso con cierta reiteración. Hasta que un día estalló: “Nadie me preguntó si era católico cuando me enrolé en la Marina de Estados Unidos. Nadie preguntó si mi hermano era católico o protestante antes de que subiera al bombardero norteamericano en que voló su última misión”. El 20 de enero de 1961, como primer presidente católico de la historia, se sentaba en el Despacho Oval.
Hoy es absolutamente normal que los católicos accedan a cargos públicos sin especiales problemas. Por ejemplo, de un total de 435 congresistas estadounidenses hay actualmente 135 católicos (31,03%). Y el esfuerzo de las organizaciones católicas en temas sociales es especialmente valorado. No se olvide que, cada año, las organizaciones católicas invierten cerca de 30.000 millones de dólares en servicios sociales y educativos.
De las elecciones de 2004 a las de 2012
Se entiende así, que las elecciones de 2004 enfrentaran a un católico (Kerry) contra un protestante (Bush), pero sin reproducir las tensiones entre protestantes y católicos que existieron en la contienda Nixon/Kennedy. Se habló de aborto, pena de muerte, células madre, matrimonio entre homosexuales, pedofilia entre el clero etc, pero no de “relaciones de obediencia de los católicos romanos con su Iglesia”. La división se produjo esta vez entre votantes “devotos” (protestantes o católicos) y los llamados cristianos “self service” (católicos o protestantes), que practican más o menos, pero no suelen seguir las indicaciones de sus Iglesias sobre temas controvertidos. Algo parecido pasó en las elecciones de 2008: seis precandidatos católicos iniciaron la carrera electoral y fue nombrado vicepresidente otro católico: J. Biden, aunque no del todo ortodoxo en sus opiniones sobre temas morales.
Los católicos históricamente han tendido tradicionalmente al voto demócrata. Los republicanos representaban al votante blanco y protestante. La tendencia cambió con Reagan. Como ha explicado Michael Novak, Reagan comprendió que una de las claves del voto de los católicos era y es la familia. La insistencia en la familia le ganó un apoyo importante del voto de los católicos, que luego volvió a los demócratas, con Clinton, y ahora está –me refiero a los católicos activos- con aquellos candidatos que apoyan los valores cristianos. El Religion News Service subraya que, durante el último cuarto de siglo, los católicos activos y los evangélicos blancos cada vez votaron más a los republicanos, convirtiendo la oposición al aborto y al matrimonio entre personas del mismo sexo en temas políticos importantes .
Tal vez por eso, uno de los factores que está jugando un papel importante en las actuales elecciones son las últimas políticas sociales de Obama en relación con el aborto, los matrimonios entre personas del mismo sexo y la política exterior de apoyo al control de población a través de esterilizaciones y anticonceptivos. Por ejemplo, la administración de Obama acaba de retirar las subvenciones públicasal Office of Migrations and Refugee Services, el organismo no gubernamental de atención a emigrantes y refugiados más importante de los Estados Unidos. Impulsado por los obispos estadounidenses desde 2006, atiende al 26% del total de inmigrantes llegados a la Unión Americana, cubriendo un campo al que el Estado no llega, en aspectos como el combate de la prostitución de mujeres inmigrantes y el comercio de órganos. La verdadera razón era que este organismo se negaba a financiar abortos. Los obispos han protestado enérgicamente declarando que “parece que existe una nueva regla no escrita del Departamento de Salud. Es la regla del ‘abc’: Anybody But Catholics(Todos, excepto los católicos)”. Esto también tendrá consecuencias electorales .

Fuente...ZENIT 
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miércoles, 4 de enero de 2012

CAMBIO CLIMATICO ..si fallan los politicos que actuen los cientificos

En su Editorial correspondiente al Numero  correspondiente a Enero 2012 ka orestigiosa publica


Nature
481,
5
(05 January 2012)
doi:10.1038/481005a
Published online
Where political leadership on climate change is lacking, scientists must be prepared to stick their heads above the parapet.


Consider the following as a statement of national ambition: “The Federal Climate Change Action Plan presents a strategy for launching a transformation in public attitudes and behavior towards climate-change risk. Key state, industry and nonprofit sector allies stand ready to build on the federal strategy to create and sustain a national climate-change risk reduction campaign. The national campaign will increase the public understanding of the risk; advance effective national, state and local climate-change policy; and deliver financing and other incentives to help citizens mitigate climate change. This national climate-change effort — led jointly by the federal government and key national partners — will fundamentally change citizens' expectations and behavior.”
That is the wording of a US federal action plan produced last summer, with just one change introduced by Nature: the original was not about climate change but referred to indoor radon — a naturally occurring radioactive gas that contributes to lung cancer. Sadly, the altered statement is politically impossible in today's United States. Yet it would be an entirely sensible response to the vastly greater global and local risks posed by climate change as described in the international scientific literature and in national impact analyses conducted by the US government itself. Indeed, it would be a welcome response by any government.
“2011 was a bad year for political progress in tackling climate change.”
With US politics in gridlock, Europe in financial turmoil and minimal progress at the climate conference in South Africa in December, 2011 was a bad year for political progress in tackling climate change. In addition, surveys of public opinion show a declining belief that climate change is an urgent problem. Clearly, the need to make the public aware of the threat has never been greater. In the face of climate-change contrarians and denialists, some of them with political clout and voices amplified by the media, climate scientists must be even more energetic in taking their message to citizens.

Communicating risk

The radon-awareness campaign offers lessons to climate-change communicators. The health risk of radon is unlike the risks of climate change, being uncontroversial, local and directly identifiable. But, like climate change, the risks are not immediately apparent and they are easily ignored. Whether to invest in mitigating measures is the individual's decision, but in the case of radon the US government — like many others — has decided that it has a duty to advise and encourage homeowners to make the changes.
Such campaigns need a strategy for communicating risk that will persuade citizens to spend their own money. Those already involved in risk communication will be familiar with the strategies recommended by the World Health Organization to deal with the dangers of indoor radon: identify core messages, understand and engage with your target audiences — both direct (householders) and indirect (such as teachers and bankers) — through surveys and in-depth discussions, develop information sheets and websites, use trusted networks and ensure that your message is coherently delivered across multiple channels.
So what can climate scientists learn from such strategies? What should their core messages be? Should they relate current trends in local weather to the predicted trends, or show what the 'four-degree-warmer' world — which on current emissions trends lies ahead of us — actually looks like? Either way, there are freely available online resources to call on. Some countries have produced national climate-change impact studies. For example, a 2009 US government report examines both regional and economic sector impacts under high- and low-emission scenarios (see go.nature.com/9fnsk1) in measured tones — here the numbers tell the story.
Those wishing to draw attention to disastrous but entirely possible futures can use reports of an international meeting in 2009 that put together multidisciplinary studies of a world that warms by 4° C or more this century (see go.nature.com/mj8c8f), and on a summary produced by the UK government (see go.nature.com/zu2frk).
As many scientists as possible should convey these messages through outreach to local or national organizations, the media, in blogs and in policy discussions. Even better if one can be extra-creative and provide people with interactive tools to explore the possible scenarios, such as the energy-pathway calculator launched last month by David MacKay, chief scientific adviser to the UK Department of Energy and Climate Change (see go.nature.com/1wfvnx).
A more taxing and wearying task is to actively counter misrepresentation — whether in the form of crass errors made by politicians and public figures, or more subtle assertions that require detailed examination. The latter can be scientifically revealing, as discussed by climatologist Ben Santer at last month's meeting of the American Geophysical Union (see video at go.nature.com/mwwleu).
Two challenges face those who communicate the science of climate change to the public. The first is to make the messages from models and observations as vivid as possible while maintaining scientific probity — avoiding the blurring of dispassionate discussions of the science and the equally important individual right of advocacy. The second is to find the right ways of conveying uncertainties without losing grip on the central, generally agreed, conclusions. Training in communication is advisable (see, for example, climatecommunication.org). Those who engage with the media could do worse than take on board the maxims of the late Stephen Schneider's 'mediarology' website: know thy audience, know thyself, and know thy stuff (see go.nature.com/dehvsf).
Even if governments find it difficult to achieve the same clarity of national action on climate change as they can for radon, scientists and their organizations need to do more to help citizens engage with the issues and not be misled by travesties of the evidence. Let that be a resolution for 2012.
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New England Complex Systems Institute

PARA ENTENDER Y MEJOR AUN PARA AYUDAR A SOLUCIONAR LOS DIFICILES PROBLEMAS MUNDIALES ACTUALES .....ES NECESARIO COMPRENDER QUE VIVIMOS EN UN MUNDO ALTAMENTE COMPLEJO E INCLUSO CAOTICO, Y QUE NO EXISTEN NI SOLUCIONES SENCILLAS NI A CORTO PLAZO. 

POR ELLO CELEBRAMOS LA APARICION DE UNA ENTIDAD DEDICADA A ESTUDIAR PROBLEMAS COMPLEJOS Y A PLANTEAR SOLUCIONES FACTIBLES, VIABLES, REALIZABLES....
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New England Complex Systems Institute

Accomplishments in 2011

Dear NECSI Friends and Colleagues,
We are delighted to share some of our accomplishments from the past year. 2011 has been a tumultuous year globally and we are proud to have contributed to understanding these events.

Global food prices:

Our work on the causes of food prices has been selected to be among the top scientific discoveries of 2011. We showed that elevated prices are due to investor speculation and grain-to-ethanol conversion.
http://www.wired.com/wiredscience/2011/12/top-discoveries-2011/?pid=2729
and
http://necsi.edu/research/social/foodprices.html

Interventions to Prevent Social Unrest:

We linked unrest to recent peaks in global food prices, underlined by the ongoing trend of increasing prices. Extrapolating these trends, we identified a crossing point to the domain of high impacts, without price peaks, in 2012-2013.
http://necsi.edu/research/social/foodcrises.html
We characterized the cascading crises in the Middle East, providing a broader historical and scientific framework. We identified key interventions to prevent the further spread of violence and anarchy, and the mechanisms of the cascades.
http://necsi.edu/news/2011/middleeastanalysis.html
We published research on how to achieve peace among ethnic groups. The research shows that peace can be sustained by topographical and political boundaries separating groups. Our analysis of both peace and conflict shows that Switzerland may serve as a model to resolve conflict in other ethnically diverse countries and regions of the world.
http://necsi.edu/research/social/scienceofpeace.html
See also:
http://www.wired.com/wiredscience/2011/12/science-graphics/?pid=2611

The Economic Crisis and its Cascading Effects:

NECSI research showed that measures of mimicry in the market can predict market crashes. This is a new and directly accessible measure of systemic risk.
http://necsi.edu/research/economics/economicpanic.html
We also showed that market manipulation may play an important role in market behavior. Citigroup's stock price plummet in November 2007 coincided with evidence of coordinated selling of borrowed stock, consistent with an intentional effort to trigger market panic. The subsequent price drop enabled the attackers to buy the stock back at a much lower price.
http://necsi.edu/research/economics/bearraid.html
See also why flash crashes happen
http://necsi.edu/research/economics/whyflashcrashes.html

Restoring economic stability:

As anger over the continuing recession heated up and the Occupy Wall Street movement gained momentum, President Yaneer Bar Yam posted a statement of support for the group, highlighting the science behind the 99 percent's woes. Regulation and deregulation by government bodies have created conditions that undermine the very stability of the economic system promoting conditions that result in widespread suffering. Action is needed to restore the underlying viability of the economic system.
http://necsi.edu/projects/yaneer/owsdesc.html
Please consider supporting our work so we might continue this work in 2012 and beyond. A tax-deductible contribution will help us provide real-time scientific responses to global problems.
Your support will:
  • Help us identify global vulnerabilities and the actions necessary to protect us from them
  • Help us address the problems of ethnic violence, economic crises, and healthcare improvement
  • Provide scholarships and stipends for talented students who will engage in these important problems.
Please visit http://www.necsi.edu/community/donate/ or contact Debra at debra@necsi.edu to make a donation.
NECSI memberships are also tax deductible. To begin or renew your membership, visit:
http://www.necsi.edu/community/membership.html
New England Complex Systems Institute
Yaneer Bar-Yam
Professor and NECSI President
New England Complex Systems Institute
238 Main Street Suite 319
Cambridge, MA 02142
Phone: 617-547-4100
Fax: 617-661-7711
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Reach out about climate

  • Nature 481, 5 (05 January 2012) doi:10.1038/481005a , Published online
  • Where political leadership on climate change is lacking, scientists must be prepared to stick their heads above the parapet.
    Consider the following as a statement of national ambition: “The Federal Climate Change Action Plan presents a strategy for launching a transformation in public attitudes and behavior towards climate-change risk. Key state, industry and nonprofit sector allies stand ready to build on the federal strategy to create and sustain a national climate-change risk reduction campaign. The national campaign will increase the public understanding of the risk; advance effective national, state and local climate-change policy; and deliver financing and other incentives to help citizens mitigate climate change. This national climate-change effort — led jointly by the federal government and key national partners — will fundamentally change citizens' expectations and behavior.”
    That is the wording of a US federal action plan produced last summer, with just one change introduced by Nature: the original was not about climate change but referred to indoor radon — a naturally occurring radioactive gas that contributes to lung cancer. Sadly, the altered statement is politically impossible in today's United States. Yet it would be an entirely sensible response to the vastly greater global and local risks posed by climate change as described in the international scientific literature and in national impact analyses conducted by the US government itself. Indeed, it would be a welcome response by any government.
    “2011 was a bad year for political progress in tackling climate change.”
    With US politics in gridlock, Europe in financial turmoil and minimal progress at the climate conference in South Africa in December, 2011 was a bad year for political progress in tackling climate change. In addition, surveys of public opinion show a declining belief that climate change is an urgent problem. Clearly, the need to make the public aware of the threat has never been greater. In the face of climate-change contrarians and denialists, some of them with political clout and voices amplified by the media, climate scientists must be even more energetic in taking their message to citizens.

    Communicating risk

    The radon-awareness campaign offers lessons to climate-change communicators. The health risk of radon is unlike the risks of climate change, being uncontroversial, local and directly identifiable. But, like climate change, the risks are not immediately apparent and they are easily ignored. Whether to invest in mitigating measures is the individual's decision, but in the case of radon the US government — like many others — has decided that it has a duty to advise and encourage homeowners to make the changes.
    Such campaigns need a strategy for communicating risk that will persuade citizens to spend their own money. Those already involved in risk communication will be familiar with the strategies recommended by the World Health Organization to deal with the dangers of indoor radon: identify core messages, understand and engage with your target audiences — both direct (householders) and indirect (such as teachers and bankers) — through surveys and in-depth discussions, develop information sheets and websites, use trusted networks and ensure that your message is coherently delivered across multiple channels.
    So what can climate scientists learn from such strategies? What should their core messages be? Should they relate current trends in local weather to the predicted trends, or show what the 'four-degree-warmer' world — which on current emissions trends lies ahead of us — actually looks like? Either way, there are freely available online resources to call on. Some countries have produced national climate-change impact studies. For example, a 2009 US government report examines both regional and economic sector impacts under high- and low-emission scenarios (see go.nature.com/9fnsk1) in measured tones — here the numbers tell the story.
    Those wishing to draw attention to disastrous but entirely possible futures can use reports of an international meeting in 2009 that put together multidisciplinary studies of a world that warms by 4° C or more this century (see go.nature.com/mj8c8f), and on a summary produced by the UK government (see go.nature.com/zu2frk).
    As many scientists as possible should convey these messages through outreach to local or national organizations, the media, in blogs and in policy discussions. Even better if one can be extra-creative and provide people with interactive tools to explore the possible scenarios, such as the energy-pathway calculator launched last month by David MacKay, chief scientific adviser to the UK Department of Energy and Climate Change (see go.nature.com/1wfvnx).
    A more taxing and wearying task is to actively counter misrepresentation — whether in the form of crass errors made by politicians and public figures, or more subtle assertions that require detailed examination. The latter can be scientifically revealing, as discussed by climatologist Ben Santer at last month's meeting of the American Geophysical Union (see video at go.nature.com/mwwleu).
    Two challenges face those who communicate the science of climate change to the public. The first is to make the messages from models and observations as vivid as possible while maintaining scientific probity — avoiding the blurring of dispassionate discussions of the science and the equally important individual right of advocacy. The second is to find the right ways of conveying uncertainties without losing grip on the central, generally agreed, conclusions. Training in communication is advisable (see, for example, climatecommunication.org). Those who engage with the media could do worse than take on board the maxims of the late Stephen Schneider's 'mediarology' website: know thy audience, know thyself, and know thy stuff (see go.nature.com/dehvsf).
    Even if governments find it difficult to achieve the same clarity of national action on climate change as they can for radon, scientists and their organizations need to do more to help citizens engage with the issues and not be misled by travesties of the evidence. Let that be a resolution for 2012.
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